28 septiembre 2020

12 de octubre: La fiesta del crimen, la sangre y el expolio

El “día de la raza”
de los fascistas españoles se sigue celebrando para vergüenza de los pueblos
del mundo. El 12 de octubre la desprestigiada y en gran parte imputada por
corrupción casta política española, junto a militares, policías, tricornios,
curas, monjas, damas de peineta, toreros, empresarios “agradecidos” que pagan
en sobres y torturadores buscados por la justicia internacional, celebran su
particular fiesta del genocidio, de la muerte de millones de indígenas en sus
particulares “conquistas” de la cruz, la sangre inocente y la espada.
 
Se afanan orgullosos,
engalanados de medallas y banderas patrias en destacar el imperialismo español,
la dominación, la esclavitud, el asesinato, el racismo, las torturas, los crímenes,
las violaciones a mujeres, a niños/as, el robo de tierras, de recursos
naturales, de oro, plata y diamantes, para que los inmundos reyes los emplearan
en sus vicios y asquerosas corruptelas.
 
Empresas
multinacionales españolas siguen destrozando la vida de miles de pueblos
originarios, arrasando el medioambiente, expoliando, asesinando, homogeneizando
culturas, explotando a mujeres y hombres a través de la esclavitud capitalista.
 
En los tiempos actuales la
mafia criminal del Fondo Monetario Internacional junto a otras organizaciones altamente
delictivas como la Unión Europea, los bancos y otras rapiñas, siguen saqueando
respaldados por gobiernos títeres al viejo continente americano.
 
En su momento
promovieron dictaduras asesinas a través de golpes de estado con cientos de
miles de personas desaparecidas, financiadas por los Estados Unidos con el beneplácito
y complicidad manifiesta de la Iglesia Católica.
 
Han
institucionalizado el robo precarizando el empleo, los derechos sociales y la
miseria mientras celebran cada año el 12 de octubre, la conmemoración del
holocausto es y será la mayor humillación sobre los pueblos de la antigua Abya
Yala (América antes de Colón), la tierra mágica que acogió a miles de etnias
que cruzaron el estrecho de Bering desde Asia o vinieron, según recientes
teorías, navegando desde la Polinesia.
 
Afortunadamente han
surgido revoluciones armadas y democráticas que han logrado parar los pies de
esta mafia organizada, aunque todavía queda mucho por hacer para expulsarlos
definitivamente.
 
Las empresas
transnacionales siguen controlando el comercio mundial, superando en su
capacidad económica a muchos países, siendo las responsables del proceso de
globalización neoliberal, del actual modelo económico basado en el sometimiento,
en el control de los escasos derechos sociales de los pueblos, matando de
hambre a millones de seres humanos en todo el planeta, generando guerras
imperialistas, asesinando, bombardeando a quien no entra por el aro de sus
postulados criminales.
 
Los pueblos indígenas
americanos siguen sufriendo las malas prácticas de estas empresas, que recurren
a todo tipo de medidas represivas para expulsarlos de sus tierras ancestrales,
invadiendo, destruyendo sus territorios, asesinando a comunidades enteras,
hombres, mujeres y niños/as víctimas de la codicia ilimitada del gran capital.
 
Etnias como los
huitoto, los siona, los inga, los kofán, los sáliba, los nukad en Colombia; los
yuki y los yurakaré en Bolivia; los yanomami en la amazonia venezolana y
brasileña; los wichi, los toba en el Gran Chaco argentino o paraguayo; los
qeqchis, los qanjoba, los kiches, los kakchikeles en Guatemala, junto a cientos
de pueblos masacrados por las multinacionales del petróleo, la madera y el gas,
algunas de capital y procedencia española, siguen llevando a cabo el expolio
que comenzó en 1.942, con la llegada de Colón y el inicio del encubrimiento de
América, que ha significado el mayor genocidio de la historia.
 
El 12 de octubre y
su celebración huele a muerte de indígenas, a desolación, a crímenes, a
torturas salvajes, a violaciones de los más elementales derechos humanos, a la destrucción
de selvas enteras, a esclavitud, a reyes corruptos, a políticos palanganeros de
un régimen que somete a su pueblo en la actualidad a la peor de las miserias, al desempleo masivo, al hambre, que oculta y protege a los mayores torturadores vivos del franquismo,
negándose a entregarlos a la justicia argentina para que sean juzgados por sus
aberraciones criminales.
 
La conmemoración de
cualquier genocidio degrada a todo gobierno, estado o pueblo que lo celebre, aunque
lo disfracen de encuentro de dos mundos, de hermanamiento, de fraterno
aniversario. La sangre que sale de las baldosas de la historia los delata, los
condena a llevar para siempre, por los siglos de los siglos, el estigma de
criminales de lesa humanidad.
 
 
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