27 noviembre 2020

18 de julio entre la sangre y la llovizna

En
la celda de la prisión de Barranco Seco en Las Palmas, apenas había espacio
para moverse, la aglomeración de presos superaba todos los límites, en un
espacio para cuatro personas se hacinaban quince, dormían en el suelo unos
pegados a otros, eran frecuentes los abusos sexuales, sobre todo con los más jóvenes
que llegaban sin conocer a nadie de su pueblo o barrio. En este caso algunos de
los “veteranos” se lo “adjudicaban” para violarlo durante días o meses.

A
ese lugar de terror y muerte llegó Servando García, detenido por la Guardia
Civil mientras repartía propaganda de la CNT en la factoría de pescado de
Guanarteme, lo tuvieron varios días en la comisaría de la Plaza de la Feria
sometido a todo tipo de torturas, le estallaron un testículo y le paralizaron
uno de los riñones de los golpes y patadas brutales.

Su hermosa juventud, apenas veinte años, fue un verdadero problema cando ingresó, solo había
un preso político de Lanzarote, un señor mayor comunista, apellidado Sangines
que tenía una grave enfermedad mental por los golpes en la cabeza de los policías
y falangistas, se vio solo y de forma inmediata un preso común de El Risco de
San Nicolás lo tomó como “puto”, sometiéndolo a todo tipo de abusos durante
meses, uniéndose ocasionalmente varios presos y funcionarios que participaron
en la violación múltiple contra un muchacho forjado en mil luchas, en todo tipo de
acciones contra la dictadura desde que tenía catorce años.

Además
de las violaciones, sufría periódicamente las vejaciones, cuando lo sacaban en
el jeep de la policía armada hasta comisaría, para sacarle información de sus
compañeros de lucha, siempre resistió aquel tremendo maltrato, no dio ningún
dato, ningún teléfono, ninguna calle, ninguna información sobre las acciones de
los anarquistas en las islas, lo que le genero todo tipo de secuelas físicas,
orinaba sangre, apenas podía tragar la comida repleta de bichos, la mayoría de
las veces en mal estado.

Andaba
como un muerto viviente las pocas horas que lo sacaban al patio de la cárcel,
desnutrido, siempre solo, aislado del resto de presos, “El Cachimba” lo requería
a los baños, no podía negarse o lo asesinaban, los guardias civiles se miraban
cómplices con media sonrisa.

-Le
van a dar polla de nuevo a este hijo de puta, tiene que tener el culo más abierto que una jarea. –Decía el sargento Robledano de Sevilla, fumándose
un cigarrillo rubio americano-

Esa
misma noche, la del 18 de julio del 59, se levantó cuando todos dormían y con un
pequeño clavo oxidado se cortó las venas, se quedó mirando en silencio a través
de las rejas mientras partía para siempre la llovizna de verano, alguna
estrella lejana, quizá otros mundos de fraternidad universal, de esa justicia digna que
emana de los más nobles sentimientos de amor de los pueblos.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

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