25 septiembre 2020

58.000 niños lactantes con hambre en la marca España

Recién nacida la chiquilla llegaron del Materno en el
taxi al barrio de El Lasso, sin dinero para pañales y leche maternizada, en
aquella montaña desarbolada, reseca, erosionada y parte del viejo municipio
isleño. Allí en el cercano colegio quien llevara el bollicao o la manzana verde
era casi un privilegiado en unas mañanas lectivas de sueño y tristeza. Yanira
gemía placida en su cunita del 5º B, su madre sola desde antes de nacer trataba
de enjugar el negro futuro, no quedaba esperanza.

Los abuelos susurraban en el salón el mal momento
para que llegara otro miembro a la familia, ahora precisamente que no tenían
nada, que sobrevivían gracias a las cuatro latas de atún y las bolsas de arroz
que una vez por semana recogían en la parroquia.



Ginés no dijo nada, solo miraba a la niña que
buscaba el calor en su lecho, un pecho donde mamar. La madre lloraba en la otra
habitación, no le quedaban fuerzas para vivir, para asumir esa nueva etapa de
su vida sin trabajo, después de que fue despedida del súper tras un contrato
basura con un salario de mierda.

Se acordaba de aquellos tiempos infantiles cuando su
padre llegaba del mar oliendo a pescado salado, todavía de madrugada y le traía
a su cama regalos del continente cercano, collares, bisutería elaborada por
manos pintadas de henna. El olor a barro y a humo de hogueras familiares, impregnado
en los arrugados envoltorios escritos con letras indescifrables.

En el estado español hay más de 58.000 lactantes como
Yanira, en situación hambre y desnutrición, junto a los 3 millones de niños y
niñas que malviven bajo el umbral de la pobreza. Los recortes constantes de los
sucesivos gobiernos de la falsa democracia, conducen a estos menores a un
abismo sin fondo, donde no se atisba una salida sino un futuro de miseria,
dolor, muerte y barbarie.

Ahora en la Semana Santa del maidán ultraderechista
español muchos rezan, acuden a procesiones, se agreden para especular con el
mejor asiento para ver a los siniestros nazarenos y costaleros, a los ídolos de
barro de un régimen corrupto, donde el fútbol, las banderas nazis de sus
aficionados, la delincuencia gubernamental, el todo vale presiden las tristes
jornadas de millones de familias, que sufren inertes ante los mensajes
tergiversados de su televisores.

Los ojos brillantes, vivarachos, inteligentes de
Yanira, de tantos chiquillos y chiquillas que acaban de llegar a este mundo
miran sin saber, inconscientes de lo que les espera se aferran al amor
incondicional, a ese calor maternal, a una lechita caliente y escasa, que brota
en cada gesto inconcluso de sus castigadas y abrumadas madres.

Mientras los ministros del vergonzoso gobierno
celebran en cualquier hotel de lujo una noche de abril la victoria de su equipo
en la copa de España, entre los enfervorizados gritos de la calle, festejando como un balón atravesó una línea de meta, personajes oscuros que no sienten ni
padecen, que solo piensan en ganar dinero a costa de lo que sea, hasta de la
vida y el futuro de miles de seres indefensos.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/


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