1 octubre 2020

Después de más de treinta años de trabajo y lucha por lo justo, por la transformación de una sociedad creada para el enriquecimiento de los poderosos, me encuentro con que tras leer un programa de Intersindical Canaria sobre el “acoso moral en el trabajo”, llego a la conclusión de que me está pasando algo parecido, que de repente ya no me encuentro, que todo o casi todo lo que propongo se me rechaza, que se va mermando la calidad de mi trabajo, que me han aislado, que no sé valora nada de lo que hago, que me he pasado muchos meses solo entre cuatro paredes sin motivación, obligado a cubrir un horario surrealista sin gente, sin nadie, sin ruido, sin solidaridad de ningún compañero por miedo a que un “jefecillo” enfermo y con mucha maldad en sus ojos tome represalias innombrables.

En esa sombra me he sentido solo, muy solo, sin testigos, sin casi pruebas para denunciar, con una inseguridad que sin quererlo me ha ido envolviendo, no permitiéndome la toma de decisiones, recibiendo perlas telefónicas verbales, “un quien siembra recoge”, que cuando cuelgas te dices a ti mismo “este hijo de puta me está amenazando” y te quedas helado, no por miedo ni temor, ya que uno ha pasado cosas peores, incluso palizas de una policía fascista en tiempos pasados, pero no entiendes que alguien pueda hacerte eso, simplemente para trepar, para conseguir vergonzosas cotas de poder o de quedar bien con el político de turno para alcanzar oscuros y podridos objetivos.

Cuando te arriman, cuando no te permiten crecer laboralmente, cuando tapan con un manto de mierda y pestilencia todo tu prestigio, toda tu labor de muchos años, la gestión de proyectos innovadores y punteros en la historia del trabajo sociocultural en Canarias parece quedar en nada. Te das cuenta de que ciertos servicios de la administración están en manos de fascistas disfrazados de progresismo apestoso, casposo, ineptos, incapaces de evolucionar solo con su trabajo y que temen a los que luchamos y trabajamos por un mundo mejor sin pedir nada a cambio.

El acoso laboral es una lacra en estos tiempos modernos, una situación de maltrato psicológico al que se somete al trabajador de manera reiterada por parte de un jefe, esto puede derivar en una grave merma de la salud física o psicológica del acosado y ocasionar una pérdida progresiva de autoestima y valoración de las tareas que desempeña.

Ahora mismo en el estado español hay más de dos millones de trabajadores y trabajadoras afectados por el mobbing, que sufren en silencio los abusos de personajes siniestros, sin escrúpulos y con mucho miedo y maldad en sus retorcidas mentes, que se aprovechan de un cargo, de una porquería de cargo adjudicado a dedo por un responsable político, para maltratar y hacer sufrir a personas que en su mayoría, como es mi caso, solo buscan estar tranquilos y felices en sus puestos de trabajo.

Ahora solo queda luchar una vez más, en eso consiste la vida de los que nos consideramos revolucionarios, los que pensamos que este sistema neoliberal es el espacio adecuado para machacar los derechos de los más débiles. Esta lucha es larga pero ya sabemos los que valoramos la historia de los pueblos oprimidos, que todo acaba colocándose en su sitio más temprano que tarde, que como dijo el poeta italiano, Arturo Graf, “son más instructivos los errores de los grandes intelectos que las verdades de los mediocres” y si no tiempo al tiempo.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com/

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