27 septiembre 2020

Alegoría del viento

Cuando
llegó la notificación judicial fue un terrible mazazo para Manuel Ángel, ni
siquiera su activa militancia en la PAH sirvió para tranquilizarlo. La
terminología jurídica fue inventada para amedrentar con palabras rimbombantes a
las personas empobrecidas.

La
negociación para la dación en pago había fracasado y se fue a la habitación de
la niña, Atteneri, lo que más que quería en el mundo, estaba en ese momento en
la escuelita de La Milagrosa. Había dejado varios juguetes por el sueño, los
que le compró en la tienda china de Tamaraceite.

Tardó
media hora en escribir a mano la carta de despedida, poco antes de encaminarse
andando hacia el puente sobre el Barranco de Guiniguada.

En
la oficina de los servicios sociales no le dieron salida meses antes, no se
sintió bien tratado ni escuchado, pero esa parecía ser la norma habitual ante
la avalancha de solicitudes, usuarios desesperados por una situación de hambre
y exclusión social generalizada.

Manolo
perdió la esperanza en la administración, los alimentos caducados del banco de
alimentos de la secta de la Virgen. Le avergonzaba que sus conocidos lo vieran
esperando en la inmensa cola de la vergüenza en la carretera general, ningún
partido político hacía nada, incluso una “izquierda” edulcorada y socialdemócrata
continuaba las mismas políticas aberrantes de la ultraderecha más corrupta del
PP.

Caminaba lento, bajó hasta San Lorenzo, se tomó un café en el bar de la carne de cabra,
cuando fue a pagar no tenía dinero, no le quedaba ni un céntimo en la cartera,
el camarero que lo conocía le digo que “no había problema”, que “otro día se lo
pagaba”. Con lágrimas en los ojos subió hasta Almatriche, en esa ocasión no
hizo dedo, no quería hablar con nadie, vivir en soledad ese ritual de la
muerte, se acordaba de la chiquilla, de su mujer mientras estaba enferma de cáncer
antes de morir en el Hospital Doctor Negrín, sabía que los abuelos se harían
cargo de todo, que podrían darle una vida digna a su pequeñina, una buena
educación, lo había dejado claro en su carta de la despedida, el viejo papelucho
del desgastado blog de anillas repleto de dibujos infantiles.

Ya
en el puente los coches pasaban a toda velocidad, sintió una sensación de ser
invisible, parecía que al mundo le daba igual su perdida, la cabeza le daba
vueltas, escuchaba la voz de la niña llamándolo, un eco lejano ante el inmenso
vacío, el abismo de los olvidados.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Elvira, madre soltera desahuciada en España con tres hijos menores a su cargo [uno de los cuales es un bebé de 24 días]
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