6 diciembre 2020

Amargo abismo

Recorriendo
el puente en plena madrugada Carlos Araña miraba al vacío con la notificación
del juzgado en el bolsillo trasero de los vaqueros, abajo se veían pequeñas
luces de las viviendas del barranco de Tenoya, parecían pequeñas hogueras que
tintineaban con el polvo africano en suspensión, no se le quitaba de la mente
el rostro de los chiquillos, imaginó que dormían en la misma cama serenos, soñando
con juegos y fantasías infantiles indefinibles:

-Alquilar
esa casa en el Lomo de los Frailes fue un error- pensaba –Sabía que este
asesino iba a engañarme, lo sabía, pero uno siempre vuelve a equivocarse,
siempre supe quien era su padre, como masacró y desapareció a decenas de
vecinos de Tamaraceite desde el golpe de estado del 36-

Desde un
principio Carlos recordaba que el usurero pasaba por su hogar, sobre todo cuando
el joven estaba trabajando y se le insinuaba a su mujer, tocaba el timbre a
cualquier hora, incluso avanzada la noche para revisar con cualquier excusa los
contadores del agua o de la luz, hasta les prohibió utilizar un patio trasero
para que los niños jugaran, alegando que podían deteriorar cuatro plantas medio
secas en unos macetones viejos y medio rotos.

Se detuvo
un instante mirando al abismo, “ya no había nada que perder” sonaba en su
cabeza una y otra vez, las voces que empezó a escuchar desde la mañana que llegó
la citación judicial con la denuncia del propietario, el policía judicial lo
trató muy mal, lo miró como si fuera un delincuente, cuando lo único que había
sucedido es que se había quedado en paro, que no pudo pagar ocho alquileres,
pendiente de la ayuda del Servicio Municipal de Vivienda que se eternizaba en
el tiempo y le ponían todo tipo de trabas.

Las voces
le hablaban de que lo mejor era desaparecer, la caída sería rápida, antes de
llegar al suelo solo pasarían unos segundos, luego la nada, el silencio, la
oscuridad, no había Dios, no había nada, nada más que la anulación de la deuda,
que su mujer podría vivir con su madre, que los niños estarían bien cuidados, que
este hijo de puta se quedaría sin su dinero, que no podría seguir presionándolo,
esquilmándolo, pidiéndole favores sexuales a su esposa a cambio de la anulación
de parte de la deuda.

Recordó las
historias de su abuelo sobre el fascista propietario de medio pueblo, Fernando
Naranjo, los guardia, Pernía y Santos, el jefe falange conocido como “Cojo
Acosta” se dedicaron a ir casa por casa deteniendo mujeres y hombres, llevándoles
al centro de detención y tortura de la Carretera General, “el cuartelillo” en
los sótanos de la casa consistorial del ayuntamiento de San Lorenzo, donde
torturaban a los hombres y violaban a las mujeres.

Carlos
Araña se subió a la repisa del puente, los coches tocaban la bocina, incluso
pasaron un grupo de jóvenes borrachos en un vehículo tuneado que le gritaron con
tono burlón “¡Tírate ya maricona!

Respiró
hondo, por un instante sintió una paz que jamás había sentido, se quedó
paralizado, miraba al horizonte y se veían las luces del sur de Tenerife, los
coches por la autopista a la altura de Güimar.

Parecía que
el tiempo se hubiera detenido y un viento fuerte le enredó los pensamientos, la
melena y su barba formaban parte del mismo remolino de pelos y sueños,
lentamente se bajó de la valla, varios coches estaban detenidos con personas
grabando con los móviles el frustrado suicidio, algunos tipos parecían
lamentarse de que no se hubiera tirado.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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