23 septiembre 2020

Amargo jueves con besamanos

A la tercera raya de coca el diputado Borja Manrique
de Cubas sintió que el mundo estaba a sus pies, le gustaba mucho como picaba el
polvo blanco su amigo de partido José Miguel Oneto, se quedaba ensimismado, no
dejaba ni una piedrecilla y cuando esnifaba parecía que aquel néctar amargo le
llegaba hasta los lugares más recónditos de su lascivo cerebro, celebraban que
el rey había estado en el solemne besamanos refrendando un nuevo gobierno,
cuatro años más para seguir robando, repartiéndose el botín de las pensiones de
los viejitos, de las ayudas de los enfermos dependientes, de los más de cinco mil
niños que según Unicef y Save The Children pasaban hambre en su amada patria.

Ya habían quedado para irse a la selecta casa de
putas de la Gran Vía, allí los esperaban varios de sus señorías ansiosos de
otra nueva noche de locura, drogas y sexo de pago, antes pasaron por La
Almudena a la misa de ocho donde el cura Sedano les guiñó un ojo cuando se
tragaron la hostia, España iba bien con el nuevo gobierno, eso pensaron todos a
la salida, aunque el nerviosismo, la ansiedad de la farla, les hiciera fingir
una inexistente tranquilidad, lo que querían era tomar los coches oficiales,
pedirles a sus choferes que los llevaran a toda velocidad al restaurante de
cinco tenedores de La Latina, no tenían hambre, la sustancia en la sangre la
quitaba, pero había que aparentar, allí podría estar la terrible diminuta
vicepresidenta, la nueva ministra de los fascistas ejércitos reales y su
marido, conocido ladrón de guante blanco.

“Manri” como lo llamaban en la intimidad genovesa se
sintió algo contrariado, ni con el medio gramo que aspiró se le puso la polla
dura ante la jovencísima puta senegalesa, siguió esnifando mucho más junto al
senador Serrano Suñer de Castilla La Mancha en el reservado del enorme piso del
centro de Madrid.

La madrugada siempre era de bajona, daba igual el
dinero que tenían en sus cuentas, la coca no saciaba aquellas ganas de quedarse
con todo, sabían que existían seres que jamás se rendirían, que esperaban
agazapadas ese momento de la historia donde la justicia se hace en las calles,
en las plazas abarrotadas, eso les inquietaba en su delirio de sangre
envenenada por el polvo adulterado, la resaca de tanto alcohol, la preocupación
por mantener el tipo mientras de un garito cerca de Sol salía el antiguo cadenero
de Fuerza Nueva, ahora portavoz, no se mantenía en pie, lo ayudaban sus dos policías
guardaespaldas a entrar en el auto de lujo.

Madrid aquel jueves parecía engullirlos con aquel cielo tan rojo del
amanecer, el miedo de las persecuciones y escraches por la guerra de Iraq los
paralizaba, invadía el inmenso resacón, eran conscientes que tarde o temprano sucedería
lo mismo, solo era cuestión de meses, quizá de días.

Salieron a todo trapo en sus coches blindados
directos a sus viviendas de las afueras con policías armados en los portales,
esa noche Manrique soñó con guillotinas y horcas en plazas públicas, dio muchas
vueltas en la cama, acabó sentado en la cocina tomando café, fumando rubio,
mirando como el techo se movía y el miedo inundaba su desgastada piel
perfumada, las narices destrozadas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Síguenos y comparte:
error9
Tweet 20
fb-share-icon20