6 diciembre 2020

Aquel San Juan de petróleo, catervas y destrucción de Canarias

El millonario ministro salió hacia el bar de al lado a tomar un
café con andares prepotentes, sus escoltas quedaron en la puerta, pistola al cinto, mirando al
horizonte, algunos curiosos observaban flipando los tics nerviosos incurables del odiado
encorbatado, catalogado como traidor a su pueblo, persona non grata en todo el territorio insular, odiado por
cientos de miles de canarios/as, que lo consideran el culpable de la inminente destrucción
de sus mares, de su tierra, de su futuro.

El camarero, un inmigrante boliviano explotado, no
dejaba de mirarlo, el falso prócer apuraba su bebida en absoluta soledad,
sorbía con cara de espanto y de asco con toda persona que estuviera sentada
cerca de su mesa, pensaba en “perroflautas”, “antisistemas”, familias desahuciadas,
madres protestonas de niños/as con hambre.

Era San Juan, día festivo, y en ese momento sonó su móvil, era su colega, su buen amigo y gerifalte
de Repsol en España, el buitre carroñero le gritaba «funcionaron las presiones», le avisaba de que el Tribunal Supremo acababa de aprobar las prospecciones en las islas y desbloqueaba el pelotazo del siglo para
este decadente elemento. El bigote rasurado casi inexistente dio una especie de
vuelco, comenzaron a movérsele los hombros como una especie de camello bípedo,
no podía aguantar la alegría, pidió la cuenta y el pobre inmigrante quedó
esperando propina en la devolución, no dejó ni un céntimo mientras salía casi
al galope del recinto.

Al rato lo llamaron de Las Palmas, era su acojonado alcalde
que le habló de las encuestas, de cómo iban perdiendo masivamente votos y
apoyos en todos los barrios, del ascenso de los radicales de izquierda, del casi medio millón de personas que salieron a
las calles contra las prospecciones el pasado mes, de que el anunciado
estallido social podría comenzar por el petróleo del PP en las islas…

“El bigotes” rasurado quedó un momento callado,
constreñido, los tics aumentaban, no los podía controlar mientras se acordaba de su gabinete de psicólogos, pero pensó en ese puesto
que le prometieron como consejero delegado, en el sueldazo que le esperaba a
partir de 2015, las relaciones que tendría con los jeques de Arabia, Qatar y
otros estados corruptos que apedrean mujeres infieles cuando se les cruzan los
cables, que permiten la violación y los abusos a menores.

“Todo vale” le dijo al esbirro, “tu tranquilo, no te
preocupes que esta moto de agua ya está vendida y da igual que haya un vertido masivo,
en ese momento estaremos lejos viviendo en Miami a todo tren…”. El otro
compungido, preocupado, cuasi cagado, colgó el teléfono mientras le avisaban,
le comunicaba su servicio jurídico de una nueva demanda, esta vez presentada
contra el por los sindicatos por presunto delito de prevaricación.

En Canarias antes del mediodía buenas personas comenzaban a enviarse mensajes
por wasap, las redes ardían denunciando este nuevo atropello de la España corrompida.
Miles de personas organizaban movilizaciones, una guerra contra el gobierno del
PP y su empresa multinacional amiga.

El comienzo de una revolución se estaba fraguando,
la banda organizada del gobierno y sus donantes temblaban, todavía tiemblan de
terror. Saben que perderán todo por querer masacrar un paraíso natural, son
conscientes, pero premeditadamente hacen prevalecer las ganancias millonarias, se lo jugarán
todo a una carta, a la balanza siniestra criminal del miedo y la manipulación social, la que le diseñan su putrefactos medios
de comunicación afines y pagados con dinero negro.

«¡Venga la esperanza!» gritaba gente noble, mujeres y hombres de calle en calle, esa que lucha sin pedir nada a cambio «¡Les venceremos!» «Esta lucha
radica en nuestros principios, en la supervivencia de la dignidad, la identidad y el futuro de
todo un pueblo». 

Las plazas comenzaban a inundarse, a cobrar vida, a llenarse de luz».


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