29 septiembre 2020

Brotes del alba

Rosita, la pequeñita de la familia, corría por los
pasillos del Carrefour de Hoya de la Plata. Marcos Hormiga, su padre, la seguía
con la vista, observándola con mucho cuidado por las recientes desapariciones
de niños/as en la isla. Maribel su madre andaba con sus ojos verdes puestos en
las estanterías mirando los precios de cada producto. Ambos llevaban en paro
varios años, ya no tenían ingresos en la familia, solo la ayuda de alimentos de
los servicios sociales, una tapadera insuficiente para cuatro bocas
hambrientas. Afuera habían dejado el coche con el depósito casi vacío. Hormiga
le echaba gasoil cuando podía, apenas cinco euros, lo que le daba para recorrer
algunos km mientras echaba currículos en todos lados sin que nadie lo llamara.

La chiquitilla llegó a la sección de juguetes, en
ese instante su pequeño mundo se llenó de colores, miraba, tocaba, palpaba,
hasta olía esas fragancias que recuerdan a los envoltorios de los Días de
Reyes, cuando había trabajo en la casa y se podían permitir que cada miembro
tuviera su regalito, la colonia de Marcos y la espuma de afeitar, el vestido
escotado de Maribel, los paquetitos de las dos hermanitas colocados
ordenadamente junto a los zapatos viejos, él vasito de ron para el rey Gaspar,
el pisquito de queso, unos polvorones, para que la noche se les hiciera leve a
esos seres mágicos, montados en camellos azules, volando en su viaje por cada
rincón del planeta, repartiendo regalos por la geografía del infinito.

La niña pedía, quería que le compraran todo, su
padre y su madre la conducían con disimulo a las ofertas de no más de tres euros,
las de cinco ya eran mucho para unas carteras vacías.

Al final un muñequito, un ratoncito enanito que no
superaba los dos euros, la niña parecía comprender que no se podía gastar más,
que no había recursos en aquella casa empobrecida: “¿No es caro verdad mamá?”

Salieron con mucha vergüenza por la caja de menos de
diez productos, la cajera los miró, entendió todo, ella misma había pasado por
lo mismo hacía menos de dos meses.

Partieron en el destartalado auto hacia el
barrio de Zarate, en la cocina una nevera vacía, los tristes garbanzos guisados
del almuerzo, varios huevos para hacer la tortilla francesa de la cena de las
niñas, en la tv el presidente Rajoy hablaba de que Grecia les debía dinero, un
discurso ininteligible para almas puras, las que nunca han robado el patrimonio
del pueblo.

Las dos niñas jugaban entre risas con el minúsculo roedor,
la vieja gata Rosa parecía mirarlas con mucha pena, afuera medio barrio gritaba
el gol del ascenso a primera del equipo local. Maribel y Marco se abrazaron en
el balcón, miraban el mar que se divisaba entre las torres de hormigón.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/


Imagen vídeo situación pobreza en España de la ONG «Educo»
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