1 octubre 2020

Chávez es eterno y grande, déjense de falsedades y mentiras

«Qué fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar del
manifiesto marxista y el tiempo del hambre”.
 
Silvio Rodríguez –
El harapo
 
Resulta sencillo y
se queda como alguien original en una cena con los amigos, con altas miras intelectuales, decir que Hugo
Chávez era un populista, que su forma de hacer política no era la más
apropiada, que todo un presidente no se podía rodear del populacho, de chiquillos
traviesos, de viejitas zarrapastrosas, de mendigos, de chabolistas, de toxicómanos
abandonados, del conjunto del pueblo más humilde y trabajador.
 
Es cuanto menos paradójico que
en otra época, hace más 2.000 años, dijeran lo mismo de un personaje amado por
el Comandante, otro ser especial y combativo que según la historia murió
crucificado por los millonarios imperialistas.
 
Este tipo de
mediocres, progres de salón, agitadores de sucios pañuelos y banderas rotas, abundan
entre la supuesta izquierda de la “convivencia pacífica”. Presumen rechazando
que todo un presidente haya tenido un programa en tv, que se haya arrancado con
un corrido mexicano o entonado las inmortales canciones de Ali Primera, de
Silvio Rodríguez o de Carlos Mejía Godoy en cualquier acto público.
 
Los mismos que ahora
después de su muerte ven en Chávez  un
personaje contradictorio, barriobajero, casi inculto, son incapaces de valorar
el amor de su pueblo, no entienden que estos días millones de personas hayan
salido a las calles de Venezuela con lágrimas en los ojos, arropando el cuerpo
muerto del revolucionario verdadero, acompañándolo entre consignas y canticos
hasta su último lecho rebelde, tendido bajo el camino de Simón Bolivar.
 
No entran a valorar
como en pocos años de presidencia bolivariana, la pobreza haya bajado de un 48%
a solo un 4%, ignoran que el analfabetismo desapareciera, que la educación y la
sanidad sean gratuitas, que la “Misión Vivienda” sea una realidad para millones
de personas desfavorecidas, que al contrario que en España no existan los
facciosos desahucios.
 
Se agarran estos
amigos de la revolución desde el sofá y la copita de vino reserva, se aferran
al choteado argumento de que en Venezuela hay delincuencia, que te pueden matar
en cualquier callejuela oscura. Omiten o no quieren asumir que viene heredada
de los antiguos gobiernos corruptos, de la inmensa pobreza generada por siglos
de expolio y saqueos generalizados en toda Latinoamérica. Efectivamente que
existe la criminalidad, pero el avance social de los gobiernos de la revolución
bolivariana la está paliando en gran medida, no es sencillo, pero se está
avanzando mucho. Lo que no es excusa es criticar los avances revolucionarios
para el pueblo trabajador con argumentos tan vergonzosos y ridículos.
 
Unos personajes de
la vida fácil, inmensamente cobardes e incapaces de hacer una revolución en sus
propio países, presumen orgullosos de acudir cada 6 o 7 meses a las procesiones-manifestaciones
de los sindicatos amarillistas, donde lucen su guevarismo ocasional,  pegan cuatro gritos para no conseguir nada, comentan
con fino palique, eso sí con una cervecita en la mano, sus hazañas de cuando un
día perdido en la nebulosa de los años corrieron delante de la policía.
 
Señores por favor,
miren las cifras, lean a los economistas y analistas que no se han vendido al
capital, comprueben los inmensos avances en pocos años de este heroico país.
Descubran, si son capaces de ver más allá de sus lujosos salones, como las calles
de este pueblo se han llenado de colores, de esperanza, de rebeldía, de
derechos verdaderos, no de la escoria que vivimos en los miserables y oprimidos
estados del sur de Europa.
 
Países arrodillados
por la banda de delincuentes de la troika, donde las personas se suicidan por no
aguantar más el chantaje mafioso y la presión de gobiernos sátrapas, que
gestionan su millonario pastel a espaldas del pueblo, beneficiando de forma
exclusiva a sus amigos de la banca y las grandes fortunas.
 
Soy consciente de la enorme mediocridad, de la cobardía, de que cuando el mundo admira la gigantesca
obra del Comandante Hugo Chávez, del humilde niño que vendía papayas por las
calles de su barrio, surjan y salgan de sus calladas cavernas toda esta fauna
traidora, que por quedar bien y no parecer “muy de izquierdas”, “dogmaticos”, “rebeldes”,
“insurgentes”, sino eso que algunos comemierda llaman “izquierda moderada y
democrática”.
 
Métanse la
moderación por sus cómodos culos y si pueden asómense a los barrios populares
de cualquier rincón del estado español, donde de verdad se vive la pobreza y la
desesperación, acérquense a las salas de urgencia de los saqueados hospitales,
donde la gente se muere en los pasillos. Salgan de sus burbujas y convivan unos
días con cualquier familia desahuciada o sin ningún tipo de ingresos, abandonen
por unos instantes ese progresismo barato y de mesa camilla. No empañen unos
momentos históricos tan bellos con sus parrafadas, déjennos despedir con
orgullo a una persona tan integra y comprometida, que se ha hecho un hueco de dignidad
y coraje en el corazón de las personas desfavorecidas de la Tierra.
 
Menos payasadas por favor. Un respeto por quienes han hecho las cosas bien jugándose la vida hasta el final, los que han
entregado todo por amor a la humanidad hasta la muerte, como ya hicieron otros grandes hombres y mujeres
en la historia, por el bien colectivo, por el reparto justo de la riqueza, por
la igualdad, por la fraternidad, por la revolución verdadera, la que genera
bienestar, seguridad y esperanza entre los sufridos y abandonados pueblos que
sobreviven al terror capitalista.
 
 
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