28 septiembre 2020

¿Como se puede medir el amor?

Da verdadera congoja que se metan en la vida de tu familia, en tu sufrimiento, en tu memoria para rentabilizar la tristeza de años, los crímenes y la sangre de los tuyos. Seres que no buscan más que la codicia cuestionan tu amor, tu dignidad, tu libertad, tu derecho a ser LIBRE y no tener que aguantar las frustraciones y la cobardía congénita de los que en su vida han luchado sin pedir nada a cambio, esos que sienten alergia ante una bandera roja y se les llena la piel de salpullidos solo escuchando la palabra COMUNISMO.

¿Quién tiene el patrimonio de la memoria histórica? Seguramente nadie, ni los que agitan pañuelos a la tropa solar de sus miserias cómodamente repollinados en su sillón tomando un whisky reserva, nadie, nadie, ni siquiera aquellos que teorizan sin haber sufrido en sus carnes la furia del fascismo. Los señoritos de buenas familias metidos ahora a próceres de la identidad de un pueblo, esos que hasta hace poco vestían camisas azules y ahora militan en la derecha nacional canaria o simplemente en su ignorancia son cómplices del Talón de Hierro.

El caso es que no puedo odiar, ni siquiera siento rabia, es una sensación rara, solo viene a mí la tristeza, una tristeza ancestral que huele a sangre derramada, la sangre de los míos fusilados, torturados, masacrados por expertos en causar dolor y humillaciones a la gente más desamparada, a los empobrecidos con manos encallecidas como mi abuelo Juan, que se pasó casi toda su vida picando piedra por su cuenta en una cantera ya que no le daban trabajo por ser comunista. Manos que me acariciaron de niño y noté durezas, sufrimiento, injusticias y unas ganas locas de cambiar el mundo.

Ahora me dice uno que no me quiere que hay un tipo que quiere más a mis muertos que yo mismo, que mi abuela, que mi padre, que mi madre. Esto te lo dicen y se quedan con cara de suficiencia mirando sin ver, incapaces de percibir todo lo que le puede pasar a una familia perseguida, una infancia vigilada por personajes siniestros en la puerta de tu casa, detenciones, amenazas, palizas. ¿Cómo se puede medir el amor?

Es tanto el interés personal que tengo, que tenemos en mi familia, que incluso podríamos renunciar a estar en él reconocimiento a nuestros queridos fantasmas, hemos sufrido tantos avatares en nuestras vidas que entendemos todas las formas de fascismo habidas y por haber, nos conformamos con poco y ese pizquito es la dignidad de la memoria. En eso nos diferenciamos de los que persiguen otros fines, quizá más siniestros, el afán de protagonizar pisoteando el sufrimiento de unas familias arruinadas en su alma por la muerte y la represión.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com/

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