30 septiembre 2020

Contra el acoso moral, resistencia hasta el final y combate

“(…)
Yo quiero seguir jugando a lo perdido, yo quiero ser a la zurda más que
diestro, yo quiero hacer un congreso del unido, yo quiero rezar a fondo un
«hijo nuestro…”

Silvio Rodríguez – El necio

Jamás asumieron que haya dedicado gran parte de mi
vida a luchar en todo tipo de batallas sociales, defender derechos civiles y
animales, la recuperación de la memoria histórica, dignificar, rescatar el ejemplo de mi abuelo y sus camaradas asesinados por los fascistas, de cientos de miles
de hombres y mujeres masacrados por el régimen franquista, simplemente por
pensar diferente y defender la libertad.

Ellos/as desde sus millonarias poltronas nos juzgan,
nos observan y evalúan cada cosa que opinamos, que escribimos, que expresamos,
siempre que cuestione el vergonzoso estatus quo de un sistema corrupto, de una
democracia secuestrada y en manos de atorrantes.

Nunca me perdonarán el no tener miedo, el ser capaz de
levantar el puño, movilizarme, escribir, contar en infinidad de medios
informativos y foros lo que pienso de esta sociedad podrida, de sus corruptos
regidores, de una banda política que vive a cuerpo de rey a costa del hambre,
de la miseria de gran parte del pueblo.

La verdad nunca me ha gustado escribir sobre mí
vida, el exceso de humildad me puede, prefiero defender al prójimo, a quienes
sufren las consecuencias de esta estafa que llaman “crisis económica”, “recesión”
y otras mierdas inventadas para cortarle el cuello a millones de personas,
hundirnos en un círculo vicioso de desempleo, desahucios, hambre infantil,
violencia policial y esa forma de terrorismo que mata lentamente a la gente humilde.

Un plan criminal que solo persigue explotar,
aprovecharse del río revuelto del empobrecimiento generalizado, para que seres sin escrúpulos se enriquezcan generando muerte, desnutrición, suicidios masivos
por razones económicas, desesperanza y terror.

Nunca he tenido miedo a pesar de las fascistas represalias
que vengo sufriendo en los últimos años, el tener que cambiar mi número de teléfono
para evitar las llamadas anónimas con amenazas cobardes, el ver peligrar mi
sustento económico y el de mi familia, de aguantar todo tipo de degradaciones
donde trato de ganarme el pan de mis seres queridos, humillaciones vergonzosas que vienen de
personajes siniestros/as, que ocupan cargos públicos en una “moderna democracia”
europea, agresiones que asumo y combato con el mismo coraje y valentía que llevó a mi
abuelo, Francisco González Santana, al pelotón de fusilamiento un 29 de marzo
de 1.937 en el campo de tiro de La Isleta (Gran Canaria).

Su miedo es que no tengamos miedo, que resistamos,
que no agachemos la cabeza ante tanta gentuza, sobres,
maletines repletos de billetes de quinientos euros, favores y prebendas. Ese
miedo les oprime el pecho, no pueden entender que existan
 personas que
luchamos por un mundo mejor sin pedir nada a cambio, que ocupemos una parte
importante de nuestras vidas en tratar de construir una nueva sociedad, dar sin
recibir, apostar por la solidaridad como una forma de ternura revolucionaria.

No sé qué pasará, que sucederá en este intento de
estrangulación de mi vida, pero lo que si tengo claro es que jamás me rendiré, que lucharé hasta el final, sin tregua, siempre desenmascarando a
los/as culpables de los abusos de poder que ahora sufro.

Ese ladrido de fieras heridas que trata de
masacrarme me enorgullece, me demuestra que voy por el buen camino, cabalgando
sin tregua, galopando hasta enterrarlos/as en el mar.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/


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