5 diciembre 2020

Cuando el crimen y el robo se disfrazan de democracia

La tecnología de la
muerte que se mueve entre los bastidores del poder, los proyectos secretos de
los Estados Unidos en connivencia con organizaciones terroristas internacionales
como la OTAN. La sanguinaria intervención militar en países como Afganistán,
Irak, Libia o en estos momentos en Siria, destapa un modus operandi siniestro, que
tiene mucho que ocultar, confirmando las facciosas estrategias del imperio para
desestabilizar países que no son de su cuerda política, adueñándose, tras
masacrar a sus pueblos, de sus recursos y riquezas, para colocar después a gobiernos
títeres, a virreyes del robo y la corrupción, que les mantengan en orden su
nueva colonia.
 
Los “atentados”
sobre las Torres Gemelas, los posteriores en Londres y España con miles de
muertos, degeneraron luego en invasiones, en genocidios, donde muchas personas
murieron víctimas de los bombardeos salvajes, de ilegales armas de destrucción
masiva utilizadas indiscriminadamente sobre población civil inocente.
 
De esto sabe mucho
el gobierno de los Estados Unidos, donde otro 11 de septiembre, pero de 1973, acabó con la vida de
un presidente elegido por el pueblo de Chile, para luego instaurar una brutal dictadura
fascista, que acabó con la vida de miles de chilenos/as víctimas de
la tortura, las desapariciones y un plan de exterminio generalizado.
 
También pagaron con
dinero del estado norteamericano y de la delincuencia financiera internacional,
otras dictaduras en su particular “patio trasero”, que asesinaron a cientos de
miles de argentinos/as, de uruguayos/as, de paraguayos/as, de guatemaltecos/as,
así como un largo etcétera de genocidios premeditados, que la CIA y el
Pentágono diseñaron hasta el más mínimo detalle, tal como hacen ahora en pleno
siglo XXI, mientras manejan junto a sus esbirros de los gobiernos europeos la
política económica mundial.
 
La idea es clara y
sigue siendo dominar, aplastar, robar, esquilmar, asesinar a quien piensa diferente.
Son la misma escoria antes y ahora, donde se nos presentan disfrazados de demócratas,
de fieles servidores de un sistema criminal y culpable de millones de muertes
por hambre, de la destrucción progresiva de la naturaleza, de una situación
económica que nos conducirá inevitablemente a la barbarie y la represión, a la
instauración de un nuevo nazismo con pedigrí, donde los hornos crematorios y
las cámaras de gas tienen nombre de entidades financieras, de bancos, de agencias
de calificación, de ajustes y rescates que pagamos el pueblo trabajador con
nuestra sangre y nuestra miseria.
 
El nuevo orden
impuesto con las sucesivas mentiras,  los
montajes mediáticos o las guerras televisadas, los auto atentados
(incluso sobre su propio pueblo), falsedades y otros cuentos del imperio,
conforman el panorama estratégico que arrasará por millones de vidas por hambre
y por innecesarios conflictos bélicos, creados premeditadamente para apropiarse
de países soberanos.
 
Ya uno duda seriamente de todo
lo que digan estos nuevos gerifaltes de la muerte, lo que sale de las sucias bocas
de unos personajes que “saben mucho”, quizá más de la cuenta, mientras planean
seguir destruyendo la Madre Tierra, la próxima invasión o el genocidio más
inmediato, para quedarse con algunos pozos de petróleo, con minas de diamantes
o como en Afganistán con el monopolio del tráfico internacional de heroína. Se
trata de alienar, de acabar con la voluntad de quienes no compartimos sus
políticas y aberraciones, de conspirar a nuestras espaldas y consolidar esa
nueva dictadura planetaria con la que sueñan quienes ostentan las mayores
fortunas, esa minoría que mueve los hilos del poder financiero, del poder político,
de las guerras, del tráfico ilegal de personas, de esa nueva esclavitud
anunciada en las estrategias neoliberales que nos conducen al caos, que nos
recortan derechos, nos desahucian de nuestras viviendas, nos explotan
reformando los derechos laborales, privatizando la sanidad, la educación y
otros servicios que regalan a mafiosos millonarios, para que nos condenen a la
extrema pobreza y la muerte.
 
Esta mediocre película de ciencia ficción barata que vemos cada día en los telediarios tiene como
objetivo amedrentarnos, que vivamos con miedo, sin ganas de luchar, de cambiar
esa losa de terror que nos aplasta y que muchas veces no nos deja movernos:
miedo a perder el trabajo, miedo al futuro, miedo a la delincuencia, miedo a quedarte
sin nada, miedo a que tus hijas se mueran de hambre,  miedo a la calle, miedo al miedo.
 
Nos invitan, nos
convidan a vivir acorralados y pendientes de que un estúpido presidente se
saque de la manga nuevas medidas de austeridad, nos engañan con un futuro de
democracia falseada que oculta una sanguinaria dictadura, un régimen oligárquico,
que solo beneficia a quienes ostentan el corrupto poder, a sus mecenas de la pestilente
banca, a las mafiosas empresas de la sanidad privada, a la medieval y diabólica
Iglesia Católica, a las grandes corporaciones y a las mafias internacionales
del narcotráfico y la venta de armas.
 
En nuestras manos
está cambiar el curso de la historia, somos mayoría, somos legión, contra ese
5% de ladrones y psicópatas asesinos que manejan el mundo, será difícil, costará
años de lucha y sufrimiento, pero es posible transformar esta falsa realidad que
nos imponen en un futuro de luz y esperanza.
 
Sigamos la conexión
de aquel septiembre del 73 en Santiago de Chile y la voz eterna de un hombre honrado: “la
historia es nuestra y la hacen los pueblos”.
 
 
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