29 septiembre 2020

Dicen que NO, que la huelga los reafirma en sus políticas más inhumanas

Dicen que seguirán,
que no pararán los recortes, las salvajes reformas laborales que matan y
provocan suicidios cada día. Que la Huelga General ha fracasado, que no les
sirve de nada que millones de personas indignadas hayamos salido a las calles a
exigir el fin del robo, de la corrupción y las políticas al servicio de los que
más tienen.
 
Hoy lanzaron sus
diatribas los dirigentes de un gobierno sin sombra ni vergüenza, junto a los
representantes de la patronal, siempre unidos, hermanados y cómplices de la gran
estafa de la que son directos protagonistas y a la que sus tristes tertulianos llaman
crisis económica ¿Crisis de qué? ¿De quién? Ellos siguen millonarios y subiendo
cada día de forma espectacular los saldos de sus cuentas corrientes. Viven en
la opulencia en medio de un país destrozado y victima de su codicia desmedida, donde
millones de familias sobreviven sin ingresos, con niños que no comen cada día y
que sufren desnutrición. Una sanidad privatizada y en manos de especuladores
vinculados al poder por lazos familiares y empresariales, casi 6 millones de
personas desempleadas y una juventud sin esperanza de poder trabajar algún día,
cuya única salida según la derecha gobernante debe ser la emigración, dejar
todo: amigos, familiares y el universo que los vio crecer, para perderse en
otros países del norte europeo donde explotan inmigrantes en condiciones de
semiesclavitud.
 
En esta resaca
insurgente del día después de una movilización histórica, no se me quita de la
mente la imagen de Plaza Catalunya y la chica con el ojo destrozado por una
pelota de goma, un nuevo brutal atentado a los derechos humanos por parte de una
policía al servicio de los poderosos millonarios, de gobiernos dictatoriales
que ya no respetan la voluntad popular, la exigencia mayoritaria de que paren
de una vez de robar y de saquear lo poco que nos queda.
 
¿Cuál será la forma
para que este títere presidente, fiel servidor del poder financiero comience a
respetar y escuchar a las millones de personas que sufren sus políticas
genocidas? ¿A qué esperan?  ¿A que esto
estalle y la violencia, la sangre y la muerte inunden las calles? ¿A que el
hambre no nos deje otra alternativa que combatir con violencia revolucionaria
el terrorismo del estado?
 
Ellos saben que
esto puede pasar y por eso refuerzan con millones de euros la vergonzosa compra
de material antidisturbios para seguir reprimiendo al pueblo. No buscan
alternativas pacíficas, dialogantes, porque gobiernan para seres sin escrúpulos
que mueven los hilos de la mafia económica mundial, los mismos que llevan años
matando de hambre a millones de seres humanos en el continente africano, en
Asia y en gran parte de Latinoamérica. Ahora quieren hacer lo mismo en el sur
de Europa, en Grecia, Italia, Portugal, España y otros desgraciados países,
para acabar de saquear todo lo público y chupárselo cuatro ladrones, mientras
la gente pasa hambre y sufre la desolación y la impotencia de verse sin dinero
a fin de mes, sin poder comprar comida para sus hijos, sin casa, tirados en la
calle, sin esperanza, sin futuro.
 
Esta es la
propuesta de este gobierno: un mañana en blanco y negro, sin colores y con una
tristeza que ya se palpa en las caras de las personas con las que te cruzas en
las calles. No dejan otra salida que la insurrección popular, tal como ha sido
siempre en la historia cuando sátrapas y tiranos han mancillado los derechos
sociales y humanos, la libertad deseada que ahora se ve manchada de sangre,
pisoteada, violada por psicópatas, por ese uno 1% de ladrones que solo piensan
en ganar dinero y enriquecerse a costa del 99% que sufrimos sus abusos y
estrategias corruptas.
 
Aunque a veces nos
den ganas de arrojar la toalla y nos sintamos tan impotentes como las familias
desalojadas de sus viviendas por el poder corrupto. Un algo mágico que llevamos
dentro, nos mantiene la esperanza mostrándonos el camino de la lucha hacia la victoria
o la muerte. Esa será la mejor forma de poder mirar algún día a los ojos de
nuestros hijos con orgullo y satisfacción. Nuestras chiquillas y chiquillos
ahora inconscientes de lo que les espera en esta sociedad de tiburones
criminales, dispuestos a esclavizarlos, prostituirlos y convertirlos en
esclavos del capital.
 
No lo vamos a
permitir bajo ningún concepto. Debemos rebelarnos y reaccionar en cada espacio
de nuestras vidas, porque la pasividad nos conduce al abismo y la barbarie. Luchar
hasta el final o formar parte del museo mortal de la tristeza y el cobarde
conformismo.
 
 
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