27 septiembre 2020

Donde solo habita el misterio

Desde Telde no era fácil subir por La Breñas hasta
Cazadores, sobre todo cuando llevaban detrás a la Guardia Civil y a las
criminales hordas falangistas. De todas formas Felipe Martel, el conocido
pastor de cabras de Lomo Magullo y su esposa, embarazada de siete meses nacida
en Tara, María Florido, no paraban de caminar, casi correr, por aquellos
parajes casi mágicos, donde los cardones gigantes y los acebuches centenarios
parecían darles el oxigeno necesario para avanzar, para tratar de meterse en la
Caldera de los Marteles, internándose en el oscuro y frondoso bosque de pinos.

“Pipe” como le llamaba su gente más cercana, llevaba
una pistola en el bolsillo de su chaqueta gris, desde un principio no quiso
huir, quería enfrentarse a los criminales. Su enorme amistad con Juan del Peso,
Juan García “El Corredera” y el deportista y bregador, José Rodríguez, más
conocido como, Faro de Maspalomas, le confería un aire de luchador hasta el
final, sin miedo, guerrillero incombustible, capaz de enfrentarse a la muerte
con total tranquilidad, si era en defensa de una causa tan justa, como la
defensa de la legalidad constitucional republicana.

Lo único que le impedía resistir hasta el final era
el avanzado estado de gestación de lo que más quería en el mundo, sabía que si
los detenían ella sería violada y asesinada por los falanges, policías y militares
fascistas, como siempre hacían en cualquier finca apartada del Conde de la
Vega, los caciques ingleses del tomate o el propio criminal Eufemiano el
tabaquero.

A Felipe no le importaba morir, era un luchador incombustible,
el amor por María le hacía emprender esa evasión a ninguna parte, subir
montañas hasta vomitar de cansancio, tratar de llegar al bosque profundo, donde
gobierna la magia, para intentar pasar unos meses resguardados por la fragancia
  natural y el canto avizor de los pájaros.

Atravesaron la profunda caldera en plena noche, en
la carretera de la cumbre se apreciaban luces de coches y camiones cargados de
fascistas, antorchas, candiles, por un momento llegaron a pensar que los habían
visto, pero siguieron, Pipe sacó la pistola, se la colocó en el cinturón junto
al cuchillo canario, antes de ser capturados se quitarían la vida, ya lo había
pactado con María, jamás permitirían que los abusos sexuales de aquella gentuza
mancharan la bondad de aquella mujer noble y tranquila, amante de los buenos
libros de filosofía y maestra de los niños más desfavorecidos del masacrado
municipio del suroeste, donde hasta su propio alcalde, José Tejera, junto a
cientos de vecinos más, ya habían sido arrojados a la siniestra chimenea
volcánica de la Sima de Jinámar, y a los pozos de las fincas del Maipez de los
Ascanio y la Noria de los Del Castillo.

Como seres invisibles atravesaron la barrera de
hombres armados, Pipe con el dedo en el gatillo, María casi arrastrándose muy
mareada y destrozada, incluso pareció que uno de los falangistas, el joven,
Teodoro Galindo, vecino de Telde, hijo de Mariquita Torres, los miró por un
momento sin decir nada, como si quisiera que escaparan al ver la barriga de la
pobre mujer, recordar los intensos y competidos partidos de fútbol con Pipe en
la playa de Melenara.

Dejaron atrás el ruido de botas, motores y el sonido
de los máuser en el momento de cargarlos, se internaron en el bosque mientras
caía una llovizna fría y la niebla los resguardaba de los enormes focos, de las
linternas que trataban de alumbrar el recinto sagrado de lo imposible, donde
solo habita el misterio.

Cuando se sentaron a comerse las sardinas saladas y
el pan de Guayadeque con queso de cabra los dos se miraron a la cara, Pipe
estaba muy pálido, la ropa mojada de sudor, María no podía más, vomitaba cada
momento, los dos se abrazaron por un instante eterno, no dijeron nada, solo se
escuchaba el canto de las lechuzas, de los búhos chicos que comenzaban su
jornada nocturna y depredadora. Pipe acariciaba la barriguita de su amada,
ponía el oído para escuchar las pataditas de Braulio, así se durmieron bajo el
recodo de la inmensa piedra, un roque perdido en la inmensidad del bosque de
Las Nieves, durmieron durante horas, era solo el comienzo de una aventura
interminable.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Criminales fascistas en Canarias
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