30 septiembre 2020

El auténtico escrache viene de un gobierno que pisotea los derechos del pueblo y lo mata de hambre

Cientos de miles de
familias desahuciadas de sus viviendas en pocos años en la España del trapicheo
y el ladronismo de guante blanco. Niños y niñas, personas mayores, mujeres
embarazadas, enfermos terminales, gente discapacitada expulsados de sus hogares
por una judicatura al servicio del capital, junto a una casta política sin
escrúpulos para seguir llenando sus bolsillos de dinero manchado de sangre.
 
Tras esta
devastación que ha dejado en la calle sin nada a millones ciudadanos y
ciudadanas, las damas de la peineta del sobrecogido partido gobernante salen de
la caverna para seguir vomitando sandeces, acusando a la PAH y a Stop
Desahucios de violentos nazis. Hasta la misma ultraderechista Esperanza Aguirre
se arrancó con acusaciones y sus típicos insultos de boca sucia, calificando a
estas organizaciones de ser como las Juventudes Hitlerianas.
 
Cuanto saben estas beatas
señoras de Hitler, Franco, Mussolini, Pinochet y otros asesinos fascistas, tan
cercanos ideológicamente de sus postulados neoliberales, que hasta les tapan
sus brutales crímenes como hacen en España con el franquismo, al que el Partido
Popular aún no ha condenado, ocultando premeditadamente el genocidio cometido
sobre más de doscientos mil republicanos y republicanas, esforzándose siempre
en evitar que se abran las fosas comunes, que se descubran los nombres de los
criminales, de los torturadores, de los violadores de derechos, de los ladrones
de niños y niñas durante toda la dictadura y parte de esta cleptocracia del
sobre y el latrocinio.
 
La misma secretaria
general del PP, la ínclita, “capiosa”, bien casada y multimillonaria Cospedal, se
siente aludida y se queja públicamente, acusando de violentos terroristas a
quienes hacen los escraches que sufren sus amigos de partido, de kale borroka,
de gentuza y otras inmundicias, que precisamente vienen de alguien que adjudica
hospitales públicos a cierto presunto familiar muy cercano, que privatiza todo lo
público, que despide y condena a la indigencia a
miles de trabajadores/as de la administración pública, la misma señorona que
intentó cargarse las urgencias de los pueblos más alejados de Castilla-La
Mancha, condenando a sus vecinos a morir en las carreteras hasta llegar al
centro sanitario más cercano.
 
¿Quiénes son más
fascistas? ¿Los que se manifiestan exigiendo el fin de los desahucios o quienes
los propician para seguir enriqueciendo a la mafiosa banca y a ellos mismos?
¿Los que promueven la usura y la miseria del pueblo o aquellos que se movilizan
para evitar un genocidio social de consecuencias devastadoras?
 
¿Dónde queda la
verdad y dónde la mentira o acaso la hipocresía más criminal?
 
Los nazis también
robaban las casas de los judíos antes de torturarlos y gasearlos hasta la
muerte, sus desahucios se hicieron famosos en todo el mundo y los justificaban
como algo necesario y legal.
 
Ahora vienen estas
caraduras de misa diaria a colocarse como víctimas, como lloronas grasientas,
vomitivas, cuando ellas y su partido son culpables directas de que en el estado
español más de 6 millones de personas estén desempleadas, que casi 4 millones
de niños y niñas sobrevivan bajo el umbral de la pobreza, que más de 5 millones
de familias no tengan ningún ingreso, del crimen de estado que supone que 15
personas se suiciden cada día por razones económicas, que la sanidad se privatice
y se regale a sinvergüenzas especuladores, que se enriquecen con el negocio de
las enfermedades, el sufrimiento y la muerte.
 
Eso sí que es
fascismo, nazismo y un verdadero holocausto contra el pueblo trabajador, una
hecatombe hitleriana sobre quienes sufren los recortes sociales, las reformas
salvajes que solo enriquecen a los de siempre, a las mafias, a los que viven de
la miseria de los demás, los que ganan millones matando de hambre a la gente
empobrecida.
 
Estas repipis con
modelitos de alta costura, barriga llena y cuentas corrientes repletas de
millones, no saben lo que es pasar necesidades, calamidades para llegar a fin
de mes. Desconocen el olor a mugre de la pobreza, los ojos desconsolados de un
hijo cuando mira a sus padres preguntando porque no pueden cenar esa noche, ir
a clase después de un buen desayuno, dejar de contemplar el rostro desesperado
de sus familiares desempleados y sin esperanza.
 
Cuando se les acabó
el chollo electoral del terrorismo se inventaron nuevas bandas armadas de gente
violenta, ahora le toca a la sociedad civil organizada y alzada contra la
corrupción y el abuso de poder, a los justos y justificados escraches, a los
que intentarán ilegalizar, como han hecho con tantas organizaciones que no son
de su agrado y siniestra cuerda política.
 
Les importa una
mierda que muera gente de hambre o de falta de asistencia sanitaria en cualquier
recortada sala de urgencias. Su único objetivo es seguir enriqueciéndose a
costa de lo que sea, caiga quien caiga.
 
No tienen vergüenza
para seguir mintiendo, incumpliendo sus programas electorales, tomando asquerosas
“decisiones dolorosas” para seguir jodiendo la vida de la mayoría del pueblo,
condenándonos al hambre y la miseria, mientras ellas en sus misas se comulgan
con ostias sabor a sangre obrera, a sufrimiento, a muerte, a desesperación, a
suicidios por no aguantar más tanta presión, tanta tristeza, tantos saqueos y
robos.
 
 
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