29 septiembre 2020

El banquete de los miserables

Son ladrones, ya
nadie lo duda, aunque se disculpen y apliquen la estrategia del despiste, del victimismo,
como hacían cada vez que estallaba una nueva trama mafiosa. El problema es que
ya no les queda nadie que pueda acusarlos porque ellos manejan todo, desde el
poder judicial al ejército, siempre preparado “para lo que pueda pasar”, por si
se subleva demasiado el pueblo humillado o en las elecciones no consiguen sus
vergonzosos objetivos.
 
Todo va saliendo a
cuenta gotas, vergüenza tras vergüenza,  hasta en los medios manipulados del corrupto
poder financiero, que ya no pueden tapar este inmenso deposito de mierda, entre un insufrible hedor, que con la visión de sus caras de sinvergüenzas, golpea la dignidad de la gente de a pie, las que sufrimos sus lujos,
sus vicios, sus pelotazos, sus abusos, sus privatizaciones, sus recortes y ajustes
salvajes. Contemplamos el brutal esperpento de
su gestión política, la que les llena los bolsillos de dinero negro, blanco,
azul, de todos los colores del arcoíris, en los que puedan meter sus garras
para rebosar sus ocultas cuentas corrientes.
 
Familias humildes que han sido o están a punto de ser desahuciadas de sus viviendas, alucinan con
lo que está pasando. Más de 6 millones de personas desempleadas, 3 millones de
niñas/os bajo el umbral de la pobreza, observan en silencio los informativos, escuchan las voces moderadas del líder de la
oposición, que trata de tapar porque ellos también han metido la mano en otros momentos.
Solo las fuerzas de la izquierda de verdad denuncian el tremendo saqueo. En
cambio los sindicatos mayoritarios callan de nuevo, esperando seguramente que
los inviten al próximo coctel real, al nuevo banquete de la patronal.
 
Ahora se entienden
sus simiescos saltos en el balcón cuando ganaron las elecciones, las babas que
mancharon el pavimento mientras se relamían, ante la que se les avecinaba con
una mayoría absoluta. Ni siquiera han esperado a llegar al año de legislatura
para arrasar por  todo, para terminar con
lo que tanto nos ha costado conseguir en años de lucha, sudor y sangre.
Sus prisas son genéticas, les vienen de sus antecesores, los mismos que en
distintas fases de la historia han saqueado estados enteros, condenando a la
esclavitud y a la muerte a sus pueblos.
 
¿Quién se cree
ahora lo que nos puedan contar en las próximas elecciones? Aunque seguro quedarán
quienes les voten de nuevo, aunque no sean millonarios y sufran las
consecuencias de sus políticas miserables. La inconsciencia y la ignorancia
comen en la mesa del crimen, solo que se arrastra para lamer las sobras que
caen al suelo.
 
 
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