1 octubre 2020

El circo criminal de los desahucios en el país de los sobres

Después del
suicidio-asesinato de estado del pobre Fran en Córdoba, la ola de crímenes se
extiende. Un varón este fin de semana en Basauri, una pareja de ancianos en
Mallorca y este lunes un hombre de 55 años ahorcado en Alicante, todos después
de recibir la notificación de desahucio inmediato de sus viviendas. Datos que estremecen
a la mayoría de la ciudadanía, a millones de personas, menos a la casta que
gobierna este país y se reparte el pastel mierdoso del bipartidismo. Un intercambio
vergonzoso de un botín construido sobre la muerte de miles de personas que no
pueden más, que no aguantan la presión de una banca sanguinaria y corrupta, de
un gobierno de maleantes y de una judicatura que no imparte justicia, solo
sentencias injustas sobre los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

 
A la misma hora en que
esos cuerpos asesinados descansaban en las morgues a la espera de la autopsia,
el casposo y patético presidente del Parlamento Español, ordenaba  a voz en grito la expulsión de Ada Colau y del
resto de miembros de Stop Desahucios, indignados por la hipocresía y la burda manipulación del PP. Este
personaje oscuro parece sacado
de cualquier sainete de la represión franquista, al que se le notó demasiado su
deje falangista. Sus bramidos rabiosos y exabruptos, emulando a sus admirados
requetenes, montaron un espectáculo que dio la vuelta al mundo, contribuyendo a
desprestigiar todavía más la vergonzosa promoción de su marca España,
reprimiendo salvajemente a quien lucha por la justicia y la verdadera
democracia.
 
Este circo nacional
de la corrupción inunda los telediarios y el resto de los medios informativos.
Salen y entran de los juzgados dirigentes del partido del gobierno, destacados
empresarios de la patronal que también repartían sobres de dinero negro,
ministras repijas pilladas infraganti por la policía con sus confetis,  pegándose la vida padre a costa de regalitos
procedentes de tramas mafiosas. Un show que traspasa fronteras y que recorre el
mundo, mientras millones de personas en el estado español sufren desempleo,
miseria, desamparo, hambre, desahucios y abusos de poder por parte de quienes
deberían estar al servicio de su pueblo, tratando de solucionar sus problemas y
generar seguridad, tranquilidad y que cada persona tenga cubiertas sus necesidades
y derechos constitucionales, pero en cambio se dedican a ganar millones de
dudosa procedencia, a evadir capitales, a privatizar la sanidad pública, a
cargarse la educación y todo lo que nos ha costado años de lucha, sudor y
sangre. Una calaña de guante blanco que tiene la caradura de pedirnos a la ciudadanía
que hagamos sacrificios para levantar este vomitivo país. Una proposición
indecente, que viene de una banda organizada de políticos y empresarios, que
nos conducen de forma irremisible a la barbarie, a la miseria, a la espiral del
hambre y la violencia, si no somos capaces de reaccionar y hacer una verdadera
revolución.
 
Pero en esta esperpéntica
tramoya no pueden faltar los periodistas cortesanos, aquellos que escriben o participan
en los debates televisivos y radiofónicos, manipulando la realidad de los
suicidios, del hambre, de los 3 millones de niños y niñas bajo el umbral de la
pobreza, de las personas que mueren en los hospitales víctimas de los recortes.
Siniestros tertulianos que hicieron una carrera tan hermosa para ponerse al
servicio de la corrupción sistémica, tergiversar, emponzoñar, criminalizar a
quienes nos salimos del plato de lo políticamente correcto, tratando de defender
a los indefendibles que les pagan, trasmitiendo una realidad que ya casi nadie
se cree, las millones de personas asqueadas que contemplan cada día los
escándalos de corrupción político-empresarial, las muertes de sus vecinos y
vecinas suicidadas, desesperadas por no aguantar más los chantajes bancarios,
las tramas, los saqueos de un estado en manos de seres sin escrúpulos, que solo
piensan en enriquecerse caiga quien caiga.
 
Nuestros muertos,
nuestras muertas, quienes han tomado la decisión de acabar con sus vidas por no
aguantar más la presión mafiosa, merecen que sigamos luchando, que no paremos hasta acabar con tanta
depredación, con un gobierno cómplice de los corruptos vampiros internacionales
del capital, que no les olvidemos nunca y que jamás perdonemos a los culpables
de tantos crímenes, de haber convertido nuestras vidas en un sendero de empobrecimiento,
tristeza, inseguridad y desesperanza.
 
 
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