1 octubre 2020

El color de las pesadillas

No
imaginaron nunca que el refugio de la aparcería de Sardina del Sur se convertiría
en un campo de exterminio, ambos sabían que si los llevaban allí serían
asesinados. Julián Esteban y Rosa Déniz fueron detenidos al amanecer en la
vieja casita del barranco de Ayagaures, separados a la fuerza, entre patadas y
culatazos, cuando llegaron al Castillo de San Francisco en Las Palmas de Gran
Canaria, a ella la llevaron a la sede del Gobierno Militar en la calle Triana,
a el lo dejaron en el patio de la antigua fortaleza, cientos de hombres
ensangrentados se mantenía de pie bajo el rocío de julio de 1936, varios miembros
de Falange los golpeaban salvajemente, algunos de los vestidos de azul con pingas
de buey, otros con varas de acebuche, la sangre corría hacia los desagües como
un riachuelo encendido bajo el amanecer del verano.

Rosa bajó
del camión junto a varias mujeres, dos señoras mayores y el resto chicas jóvenes
de entre 16 y 25 años, todas con los vestidos rotos, algunas con el pecho
desnudo tapado con sus manos, las ropas desgarradas por los guardias de asalto
y requetés, junto a algunos civiles que también participaban de los abusos. El
recinto era cerca de Telde, en la carretera que va hasta el municipio de
Aguimes, un espacio cerrado, una antigua granja de cabras y ovejas, convertida
en provisional centro de internamiento y tortura, donde los señoritos caciques
venían cada noche a emborracharse, a elegir a las muchachas más bellas para
violarlas.

En un
pequeño descampado usado como corral había dos mujeres vestidas de negro,
muertas con los pechos cortados, la sangre inundaba el antiguo recinto que
todavía olía a estiércol, ahora mezclado con el hedor de los cuerpos
descompuestos.

Un hijo del
Conde salía en ese momento con varios requetés y un nieto rubio del empresario
ingles del tomate, dueño de medio sur, iban tambaleándose y riendo, comentando –Estaban
buenas las hijas de puta anarquistas, lo tenían estrechito al ser tan niñas -los
dos se subieron a un coche negro muy grande, salieron hacia Telde, al rato llegó
el Capitán Barber entre el estruendo del camión de la finca de la Cruz de
Jerez, estaba también muy borracho, acompañado por Eufemiano y un madrileño
llamado Luis Góngora, encargado en la oficina central de correos de la isla.
Después de estar unos minutos hablando en la puerta entraron a la habitación
donde estaban las mujeres más jóvenes, procediendo a la selección de las que más
les gustaron, muchachas cabeza gacha, sucias, ensangrentadas por el constante
maltrato, hijas de sindicalistas, de miembros del Frente Popular, una minoría
eran militantes de la izquierda, el resto solo familiares de personas detenidas,
asesinadas, desaparecidas en la Sima de Jinámar, en alta mar o en los pozos de
la isla.

Se las
llevaron en el camión hacia la finca de los Melianes, donde les esperaban
varios hombres, en su mayoría jóvenes, todos miembros de familias nobles de la
isla, de la criminal oligarquía que estaba masacrando junto a la Iglesia Católica,
Falange y los militares a miles de paisanos de todo el desgraciado archipiélago.
Allí corrió el alcohol en medio de la juerga desenfrenada, de la violación
múltiple, del maltrato y el asesinato colectivo.

Después de
dormir la borrachera transportaron los cuerpos de las mujeres a los acantilados
de Ansite, cerca de Santa Lucía, donde las arrojaron al vacío para que no
quedaran pruebas del brutal asesinato.

Rosa se
quedó en la granja de Telde, sentada en el suelo, sin agua ni comida, esperando
su turno, sabía que tarde o temprano alguien se la llevaría, que aquel almacén
para el sexo salvaje no era más que un triste deposito de corazones puros, de
muchachas que en muchos casos nunca habían tenido relaciones sexuales, todas
secuestradas por los esbirros del nuevo régimen, conscientes de que no tendrían
escapatoria, que su destino sería negro, que el terror fascista necesitaba de
aquellos espacios de la muerte lenta, para la soldadesca, para los psicópatas
golpistas más criminales, para que tantos asesinos de estado desfogaran su
odio de clase sobre mujeres inocentes.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Milicianas en el frente de Madrid (1936)
Síguenos y comparte:
error12
Tweet 20
fb-share-icon20