27 septiembre 2020

El derecho de cada ser vivo a ser libre

Sacar animales marinos de su medio natural para
condenarlos a una cautividad de por vida, una prisión incondicional en
beneficio del sucio negocio del tráfico internacional de especies, de las multinacionales
de la esclavitud, cría y venta de seres vivos, unos ingredientes oscuros y
tristes que están detrás de cada acuario, delfinario, orcario y otros templos
del terror, del sufrimiento ilimitado de nuestros hermanos de planeta.

En Las Palmas de Gran Canaria, su alcalde del PP cede
suelo público de alto valor urbanístico a un zoológico privado, para que monten
su particular acuario, vendiendo a la ciudadanía que esta cárcel de animales
será la solución, la panacea para todos los problemas socioeconómicos de los
vecinos y vecinas de este empobrecido municipio, con una realidad social
lamentable, con miles de familias sin recursos, desempleo masivo, desahucios, colas
diarias en bancos de alimentos, con uno de cada tres niños, según datos de Unicef,
en situación de malnutrición y empobrecimiento extremo.

Es una vergüenza que en pleno siglo XXI la ralea
política siga todavía metida en la caverna del analfabetismo funcional, del
fomento de la ignorancia y la incultura medioambiental, fomentando la creación
de zoológicos marinos, en unos años de avances tecnológicos donde cualquiera puede
ver un documental en televisión o en Internet, para conocer la vida natural de
cualquier ser vivo del planeta, sin que sea necesario pagar una entrada para
observar animales encerrados en peceras y piscinas cloradas.

La película “Instinto”, que cuenta la vida de un etólogo
enloquecido por haber asesinado los furtivos a parte de la manada de gorilas
que estudiaba, menciona en uno de sus interesantes diálogos, que un animal
condenado a la cautividad deja de ser lo que era, convirtiéndose en otra cosa,
en un ser triste, alejado de su comportamiento habitual en su medio natural.

Esto pasará con cada animal que encierren también en
este acuario, decorado con nombre poético vinculado al mar, será un espacio
para la falsedad, para seguir dando a la ciudadanía una imagen irreal,
tergiversada, alejada del conocimiento científico, un nuevo “circo” del dolor,
para que empresarios sin escrúpulos se sigan haciendo millonarios con la explotación
animal.

Los animales no humanos también tienen derecho a ser
libres y felices, disfrutar de la inmensa oportunidad que nos da el universo de
nacer, de avanzar hasta el final en este maravilloso y enigmático viaje por la
vida.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/


Acuario de Okinawa
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