26 septiembre 2020

El espíritu de la traición

Después de las
reuniones de los dos líderes de CC.OO y UGT con la presidenta Merkel y con el
rey Borbón, parece que todo ha cambiado, que ese otoño caliente que se
avecinaba se ha quedado en casi nada, al menos desde las prioridades de estas
dos amarillistas centrales sindicales. Nos quedan afortunadamente las acciones
previstas de los sindicatos de clase como el SAT andaluz y de organizaciones
como “En Pie” o el “15M”, con la iniciativa del 25S ante el Congreso de los
Diputados. Da la impresión de que a Toxo y Méndez les pararon los pies, que
voces autorizadas y poderosas, les han hablado de la retirada de las
subvenciones, de la necesidad de preservar el sistema, de evitar el temido
separatismo. No ha sido difícil convencerlos y ese cariñoso tirón de orejas les
ha hecho visualizar “el inmenso peligro de una sublevación popular”, que la
gente salga masivamente a las calles indignada contra este régimen represor y
generador de miseria y hambre.

Allí estaban todos entre
abrazos y besamanos en el velatorio del ex comunista Santiago Carrillo, el
llamado espíritu de la transición “democrática” (¿o era traición a las víctimas
del franquismo?) lo quieren de nuevo recuperar los que firmaron una monarquía
parlamentaria sin que los torturadores y asesinos pagaran el inmenso daño que
hicieron a cientos de miles de republicanas/os. Ahora no hay tanques tomando
las calles (al menos por ahora), pero millones de personas lo pasan muy mal, son
víctimas del despilfarro y del enriquecimiento ilícito de una casta insaciable
que habla de “democracia”, de “tolerancia”, de “libertades”, de “medidas
dolorosas pero necesarias”, que generan desempleo masivo, suicidios, desahucios
de familias humildes, privatización de servicios esenciales como la sanidad y
la educación, una infancia desnutrida y bajo el umbral de la pobreza que ya
casi llega a los tres millones ¿Qué más quieren de nosotras/os? Solo falta que
nos pongan cadenas y nos condenen a ser sus esclavas/os, que trabajemos de
gratis en sus particulares galeras y cortijos bajo el yugo de los señoritos y
caciques.
Seremos 6 millones
de paradas/os en 2013 y esta cifra no moviliza ni radicaliza a los sindicatos
cercanos al poder, se limitan a hacer de bomberos apagafuegos revolucionarios, tratan
de evitar por todos los medios que la indignación tome las calles y saque de
sus palacios a tantos seres dañinos y sin escrúpulos, que se les juzgue por
alta traición, por mentir a su pueblo en falseados programas electorales, por
jugar con las vidas de millones de trabajadoras/es, que ya no sabemos qué
hacer, que vivimos en la incertidumbre de si en unos meses vamos a tener trabajo,
si tendremos que robar o revolver en la basura para alimentar a nuestras/os
hijas/os.
El discurso del
poder, del gobierno, de la monarquía, de una oposición ultra blanda, de los
sindicatos vendidos y de partidos de una supuesta izquierda que no está a la
altura de las circunstancias, trata de engañar a la clase trabajadora, de
amedrentar, de paralizar cualquier intento de confrontación con quienes nos están
enterrando en vida, aquellos que suprimen derechos sociales y laborales
conseguidos durante cientos de años de luchas populares.
Nos mienten
mientras ellos viven como reyes, con grandes sueldazos, con prebendas y favores
que la gente de la calle no imaginamos, por eso se unen todos cuando dimite o
se muere uno de ellos, entonces son todos amigos, amigas, dejan a un lado las
diferencias, las disputas, las ideologías y se juntan para recordar “lo bien
que lo han hecho”, durante tantos años en esta democracia secuestrada por
quienes mueven los hilos del imperio del dinero.
Un nuevo espíritu
recorre sus lujosos despachos, palacetes y ministerios, el espíritu de sus
privilegios ancestrales, el espíritu de los recortes y reformas a costa del
sufrimiento del pueblo. Una nueva transición está en marcha, el objetivo es
perpetuar en el poder a los que hacen política exclusivamente para preservar sus
intereses millonarios.
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