1 diciembre 2020

El genocidio legislado revienta casas y vidas

(…) Del presente y futuro deseado. Sin ningún compromiso con el mundo. Como si
todo fuese este segundo. Cual si todo naciera con mis labios. Cual si todo
muriera con mis labios…

Silvio Rodríguez – Al final de la segunda luna

Cuando Amaia Egaña
caía desde su ventana en Barakaldo contempló en pocos segundos todo lo que fue
su vida. Escapaba del terror implantado por sucesivos gobiernos corruptos, por una
mafia financiera culpable de casi medio millón de desahucios en pocos años en
todo el estado español. A un par de miles de kilómetros otra mujer descansaba
en su tienda de campaña tras casi una semana en huelga de hambre allá en
Tenerife. Los mismos ladrones con distinto collar la dejaron tirada en la
calle, sin alternativas pero con unas ganas inmensas de luchar. Las dos
heroicas mujeres nos mostraron el camino, cada una a su manera, igual de
respetables y encomiables sus decisiones. Ambas no guiaron entre los vericuetos
insalvables de la lucha y las dos, igual de grandes, como han sido siempre las
mujeres que luchan, forman parte ahora de lo mejor de nuestra historia.
Heroínas casi anónimas que nos marcan la senda de la victoria o la muerte.
 
Quitarle la casa a
una persona es robarle su universo, su espacio vital, el lugar donde ha criado
a sus hijos, donde ha vivido momentos de felicidad, de tristeza, de amor, de pasión
y soledad. Un infinito de muebles, caricias, paredes, besos, ventanas y techos
inyectados de claridad, de sueños robados cuando el mafioso de turno firma la
denuncia para especular con las viviendas robadas a los empobrecidos, para
venderlas o subastarlas a precio de costo al mejor postor, al mejor ladrón,
entre la carroña que se aprovecha de la miseria humana para hacerse
millonarios.
 
Usureros apoyados por
políticos con el beso untado de dinero fácil son los culpables de estos
crímenes de lesa humanidad. Una chusma que tendrá algún día que ser juzgada en
un tribunal internacional de derechos humanos por genocidio, al permitir una
leyes inhumanas que han dejado tiradas en las calles a familias a enteras, a
personas mayores, a niños pequeños, a discapacitados sacados en camilla entre violentos
policías, porrazos, gritos, insultos y golpes, contra quienes heroicamente han
salido a las calles con el objetivo de parar tantas injusticias.
 
Ahora las muertes
masivas, las conocidas y anunciadas en los medios de desinformación del
régimen, también las que se han tapado y ocultado para que no nos enteremos de
este nuevo genocidio del capitalismo europeo de la troika, el BCE, el
sanguinario FMI y sus gobiernos títeres. Cientos, quizás miles se han colgado o
tirado de un puente, se han disparado o se han marchado a un lugar mágico para
en la puesta de sol tomarse un tarro de pastillas mezcladas con ron.
Desaparecer a velocidad de vértigo en la caída o lentamente huyendo de la
inmensa crueldad que supone que te conduzcan a un callejón sin salida. Que unos
pocos asesinos millonarios sonrían a las cámaras mientras anuncian nuevos
recortes y despidos masivos, que los brotes verdes manchados de sangre sigan
beneficiando y enriqueciendo a los de siempre.


Los mismos que ahora se reúnen para,
según dicen, “buscar una solución al problema de los desahucios” ¿Ahora
cabrones? Después de tantas muertes y familias abandonadas en las calles a su
suerte. Ahora vienen como padres de la patria en nombre del «partido único» a “salvar”
a las miles de familias por desahuciar de sus hogares. ¡Así no señores!  no nos vale, porque las medidas que van a tomar serán
meras tapaderas, para quedar bien con quienes les pagan las elecciones y les
financian ilegalmente sus partidos.
 
 
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