6 diciembre 2020

Brufau, en Canarias te conocemos, sabemos que Repsol solo busca dinero a cambio de destrucción

El godo (*) Brufau, presidente de la
multinacional Repsol, se pregunta “¿Qué le pasa a los canarios?” Dice fingiendo
cara compungida, como de asombrado, que “el mundo nos mira atónitos” por
negarnos, por no querer que su desprestigiada empresa meta sus garras en los mares de las islas,
para profanar un territorio, un océano sagrado, repleto de vida, de cetáceos,
de seres maravillosos y en muchos casos desconocidos.
Un destrozo, una catástrofe
anunciada, a cambio de unos podridos barriles de petróleo, que ni siquiera
repercutirán en el bienestar de las cientos de miles de familias isleñas que
viven por debajo del umbral de la pobreza.
Este “buen español”,
amigo de sus amigos, “hombre de bien”, según los esperpénticos cánones del
Partido del Sobre, patriota y multimillonario, no entiende que la mayoría de la
gente de estas islas queramos proteger la biodiversidad marina.
Un elemento bien
trajeado, perfumado, con sus coches oficiales, secretarias lustrosas, chales de
lujo, algunos vicios caros, solo piensa en cifras, en millones, en presuntas donaciones para los
que ponen las manos a cambio de prebendas.
Oscuro personajillo
que justifica el destrozo de selvas vírgenes en Latinoamérica, la persecución
de indígenas y su reclusión en reservas, cuando destruyen, talan, envenenan ríos y contaminan
el patrimonio natural de sus antepasados.
De eso saben mucho
en Repsol y por lo mismo son odiados, repudiados, rechazados en gran parte del continente hermano.
Ahora vienen a
Canarias de la mano del siniestro ministro Soria, llegan a nuestra tierra como
buenos godos a disponer, a ordenarnos lo que debemos hacer, arrodillarnos y
decir “si mi amo”, mientras ellos se lucran con nuestro patrimonio natural,
condenándonos a un inminente holocausto ambiental cuando se produzca el primer
escape de crudo, que arruinará nuestras playas, el turismo, el riquísimo y
preciado ecosistema marino de esta sufrida parte de la Macaronesia.
El pueblo canario
hemos aprendido mucho en tantos años de explotación, de que nos condenen a la
desnutrición, a los abusos de poder, al caciquismo, a la emigración,
ofreciéndonos siempre el oro, la panacea en forma de puestos de trabajo, de unos parabienes que nunca
llegan a los/as de abajo, de riquezas que solo son patrimonio exclusivo de la mafia, de la
putrefacta oligarquía fiel servidora del poder más corrupto, culpable directa
de nuestra miseria, de los 25 suicidios mensuales por razones económicas, de
que uno/a de cada tres niños/as sufra desnutrición y miseria extrema.
Conocemos muy bien a
tipos como el godo Brufau, el prototipo de señorito, de conquistador, el mismo perfil
de aquellos colonizadores que vinieron con la espada y con la cruz a masacrar y
esclavizar al pueblo guanche, el calco de los somatenes franquistas, de los miembros de las “Brigadas
del Amanecer” que desaparecieron a más de 3.000 luchadores/as antifascistas
desde el 36, de los desvergonzados empresarios turísticos que se han cargado nuestras
playas, construyendo hoteles, apartamentos y otros nichos de miseria y podredumbre
en medio de espacios naturales, de los señoritos que exigían derecho de pernada sobre
nuestras mujeres, de los que se quedaron con todo, hasta con nuestra dignidad, de los que nos abocaron a la absoluta miseria, obligándonos a alimentarnos de pencas de tunera y raíces, los que asesinaron de hambre
a nuestros/as hijos/as, los que condenaron al abismo de la drogadicción en los años
70-80 a miles de jóvenes de este archipiélago, con la estrategia del
estado español de alienar, de evitar comportamientos revolucionarios que alteraran
el “orden” establecido de la colonia.
Por eso el godo
Brufau nos produce verdadero asco, repulsión, rabia, coraje y sobre todo
tristeza, pena, de que puedan existir seres humanos con tanta maldad, con tanta
codicia, dispuestos a destruir nuestro futuro para llenar sus cuentas
corrientes de dinero manchado de contaminación y muerte, para engordarle los
bolsillos a sus testaferros de la casta política, fieles servidores de todo lo
que huela a dinero, poder y caciquismo.
(*) Godo: (a veces
acompañado “de mierda”) para diferenciarlo del “peninsular” y designar a aquel recién
llegado a Canarias que después o durante la guerra civil lo hacía por primera
vez, presumiendo de cortijos y nobleza, de superioridad sobre el pueblo isleño,
al que ridiculizaba y consideraba inculto e ignorante.

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