1 octubre 2020

El largo recorrido del dolor por los mártires de la libertad

Siempre
he pensado en como se pudo sentir mi abuela Dolores García, cuando llegó la
noticia a Tamaraceite del fusilamiento de su marido Francisco González, meses
antes una “Brigada del amanecer”, integrada por una cuadrilla de falangistas,
había asesinado en su cuna a su hijo de cuatro meses Braulio González, mientras
realizaban un registro en su humilde vivienda.

Desconozco
la magnitud de ese dolor, hasta que límites puede sufrir un ser humano, cuantas
lagrimas se pueden derramar hasta secarse los ojos, cuantos gritos y alaridos
de horror se pueden emitir hasta que se rompan las cuerdas vocales.

De
niño recuerdo como en muy baja voz se hablaba en casa de todo lo que había
sucedido, mi abuelo Juan Tejera, que también estuvo condenado a muerte, pero le
fue conmutada la pena por una cadena perpetua, mi tía-abuela Rosa García, la
que fue rapada, paseada por todo el pueblo, sufriendo las palizas y abusos
sexuales de los fascistas, ambos me desvelaron esa cortina que ocultaba todo lo
que había sucedido en mi familia, tardes con Rosa en la casa de El Puente, de
cine con mi abuelo, de paseos por la vieja ciudad de Las Palmas, donde cada uno
contestaba a mis preguntas, saciaban mi curiosidad de niño solitario en una
familia destrozada por los criminales franquistas.

Fosa común del cementerio de Las Palmas con las fotos de Francisco González Santana 
y el alcalde comunista Juan Santana Vega, ambos enterrados en ella (Foto: Interviú)

Ahora
con el paso del tiempo solo me quedan mis padres, ya muy mayores, mi viejo
cumple 92 años en noviembre y sigue esperando que le devuelvan los restos de su
padre, enterrados en la fosa común del cementerio de Las Palmas.

La
vergonzosa desidia institucional y judicial lo ha evitado, sabemos exactamente
donde están los restos de este ser querido, hasta los metros que está bajo
tierra este luchador por la libertad y la democracia, que yace enterrado como
basura, junto a cientos de republicanos más en ese agujero del horror. A pesar
de todo siguen sin haber respuesta, a mi ya no me quedan argumentos para
explicarle a mi padre que las palabras bonitas de los políticos son en su mayoría
falacias y falsedades, con la excepción del Cabildo de Gran Canaria que nos está apoyando en todo lo que pueden, que las fotos que se tomaron junto a ellos en el homenaje
del cementerio no eran más que una forma de “quedar bien”, de obtener votos fáciles
de la gente de bien de la izquierda, la que sigue, seguimos creyendo en la
verdad, la justicia y la reparación.

Ya
mi padre no es el que era, se suele olvidar de las cosas cotidianas en algún
momento, le falla la memoria, pero me pregunta cada día si se va abrir la fosa
común o no, yo ya no se que decirle, si hablar claro y aclararle que son todos
una pandilla de hijos de puta encubridores del genocidio fascista en Canarias o
que hay que seguir esperando, callados, en ese silencio sepulcral, aterrador
que lleva rondando a mi familia desde hace ochenta años.

¿Cómo
es posible que en una democracia europea suceda algo tan grave?

¿Cómo
se puede permitir que ninguna institución canaria, ningún político se haga
cargo de algo tan sencillo como reparar este inmenso dolor?

¿Porqué
se siguen riendo y burlando de las víctimas del holocausto franquista, defendiendo
oscuros intereses que según pasa el tiempo se hacen más y más inconfesables?

¿Hasta qué momento debemos aguantar antes de meternos en el cementerio y sacar nosotros
mismos a nuestros muertos?

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Diego González García reivindicando la exhumación de su padre de la fosa común (Foto: Carlos Reyes Lima)
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