5 diciembre 2020

El latido del agua

El camión
cedido por Pedro Guerra Rosales bajaba de Arucas lentamente sorteando los
numerosos baches, los hombres atados se golpeaban unos contra los otros con sus
cabezas, las manos a la espalda evitaban que pudieran protegerse, los
falangistas de pie los apuntaban con sus pistolas y fusiles, varios requetés
iban entre los hombres que iban a ser asesinados, aprovechando para patearlos
si hablaban o simplemente levantaban la vista.

El olor a
platanera inundaba la brisa mientras pasaban por Santidad a las seis de la
mañana, no había nadie en las calles, solo algunos perros que revolvían en la
basura, el llanto y los lamentos de alguno de los hombres quebraba el silencio,
luego los golpes de los falangistas, entre ellos el guardia Demetrio, con fama
de haber torturado y asesinado a cientos de republicanos.

Llegando a
Tenoya hicieron una breve parada junto a unos coches negros de donde se bajaron
varios uniformados con galones y medallas, entre ellos varios familiares del
Conde y la Marquesa, el conocido empresario tabaquero llegaba en un impecable
auto inglés con chofer para presenciar la ejecución.

Comenzaba a
amanecer y llegaron junto al pozo, eran 24 hombres atados, los arrodillaron y
el guardia Demetrio junto al falange Rubio comenzaron a dispararles en la nuca
uno a uno, cada uno iba viendo como destrozaban la cabeza al otro, al compañero,
al amigo, al hermano, que a su lado caía fulminado entre chorros de sangre.

Los jefes
abrieron varias botellas de ron de caña y tinto del monte, brindaron junto a
los cadáveres antes de dar la orden de arrojarlos al pozo.

Caían y no
se escuchaba nada más que los golpes contra las cortantes paredes hasta golpear
el agua del fondo, las risas de los fascistas borrachos amenizaban aquel
trocito de genocidio, hasta el cura de San Lorenzo se acercó por si fuera
necesario la extremaunción de alguno de los rojos.

Se percibía
un olor a tierra mojada mezclado con la fragancia de las flores de agosto, los
camiones partieron hacia las fincas del municipio norteño, los coches se
quedaron un rato y el grupo de caciques departía alegremente, como si no
hubiera sucedido nada, como si aquellos asesinatos fueran parte de la
normalidad del nuevo régimen ya implantado en las islas.

Eufemiano
Fuentes abrió otra botella de vino, esta vez del municipio tinerfeño de Tacoronte,
sacando unas copas de cristal de su vehículo:

-Ahora
señores vamos a brindar por la nueva España, por el glorioso Movimiento
Nacional, por la Santa Cruzada- dijo alzando el brazo en forma de saludo.

El resto
contestaron muy exaltados, hasta el chofer del tabaquero vestido de azul con un
parche en el ojo:

-¡Arriba
España! ¡Viva Franco y José Antonio Primo de Rivera!-

En el fondo
del pozo se escuchaba un leve chapoteo inaudible para los criminales, Antonio
Navarro Cruz agonizaba con un tiro en el ojo, trataba de aferrarse en la
oscuridad a una vida que ya tenía perdida, vencida, agotada, desde que lo sacaron
de su casa en Visvique poco antes de las doce de la noche.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Restos de asesinados por el franquismo en el pozo del LLano de las Brujas (Arucas)
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