22 octubre 2020

El lecho de la brisa

En
la vieja cama retozaban con esa inmensa ternura que solo se consigue cuando
existe un amor verdadero, parecían conocerse desde siempre, desde lejos.
Juvenal Machado y Elvira Galindo se pasaban la tarde entera de cada viernes amándose
en la vieja casa de El Palmar de Teror, era de la tía del muchacho, le dejaba
las enormes llaves de hierro colgadas del clavo del alpendre, el refugio donde
descansaba la cabrita con sus dos baifos (1),
las gallinas del pescuezo pelado, el pequeño grupo de gallos ingleses de pelea,
que usaba su marido el docente de Arucas en las riñas de Cardones, antes de que
se lo llevaran para siempre.

Después
de hacer el amor durante varias horas los amantes abrazados miraban al techo de
madera de tea y cañas, una arañita pequeña, morada, se entretenía cazando
mosquitos, aquellos ojos llorosos de placer no dejaban de mirar al arácnido que
tejía, buscaba que las presas aladas cayeran en aquella vulnerable y frágil
trampa de algo parecido a la seda.

Juvenal
se giró y la besó en los labios, Elvira sintió aquella dulzura, un sabor que
parecía conocer de siglos, un aroma ancestral de otras vidas lejanas ya
olvidadas en la nebulosa de los sueños. Afuera el agua corría por la acequia de
los Morales, un ruido como a lluvia eterna, la que a veces inunda las noches
oscuras de ruidos mágicos y misterios.

En
la mesita de noche la foto del marido asesinado por los fascistas, una vela blanca
encendida, siempre prendida como una excusa de luz, un faro para aquel espíritu
perdido, desconcertado en el vacío, una referencia para que supiera volver al
lecho amado, los restos del recuerdo de un hombre bueno asesinado por sus ideas
en 27 de septiembre del 36.

El
muchacho recordaba sin hablar en el descanso del amor el día que lo detuvieron,
como lo sacaron a golpes de la casa, para en la misma calle atarle
violentamente las manos a la espalda. Juvenal sabía que eso mismo estaba
pasando en toda la isla redonda, que los hijos de la marquesa del pueblo de la
piedra de cantería, los caciques ingleses del tomate, el conde de La Vega, el
tabaquero violador de trabajadoras y toda la plana mayor de Falange y Acción
Ciudadana estaban matando, desapareciendo, arrojando al mar, a simas y pozos a
la gente más honrada y decente de aquel pueblo masacrado.

Solo
fue un pequeño lapsus de escasos minutos, el joven se dejó llevar por los
recuerdos más tristes, hasta el instante en que Elvira volvió a besarlo y todo
se llenó de colores, de sabores buenos, de olores de la infancia, del inmenso
amor capaz de sobrevivir y resistir el embate de la maldad ilimitada de ciertos
miembros de la especie humana. Se enredaron en las sabanas sobre el colchón de
paja, la vela se apagó de repente y no había brisa ni corriente, los dos se
miraron por un instante, pararon el ritual salvaje, pensaron por un instante en
los ojos limpios del maestro de escuela asesinado.

(1) Vocablo asociado al modo de vida indígena canario de antes de la conquista castellana, cuyo significado es cría de la cabra, cabrito.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Detenidos durante la dictadura franquista en Sevilla
Síguenos y comparte:
error13
Tweet 20
fb-share-icon20