30 septiembre 2020

El sagrado ritual

Asaltaron a las dos niñas de 14 y 15 años a la
salida de la discoteca junto a la vieja gasolinera Texaco, las metieron a la
fuerza en el Land Rover, las ataron y las llevaron por el camino de tierra al recóndito
y lujoso refugio de caza de Don Jaime, el psiquiatra del Opus, en la casa
esperaban varios miembros destacados del partido fundado por el antiguo
ministro de Franco, reconvertido ahora en pleno 1978 en “demócrata” de toda la
vida, dos jefes de la policía armada, Ignacio Regus, secretario del obispo, el
teniente coronel de la Brunete, López de Alcántara y el manco juez, Rodrigo
Barberá.

El banquete con vino español, cosecha del 67, estaba
servido, a las niñas les colgaron dos cruces de Caravaca en el cuello, el “ritual”
estaba a punto de comenzar, los dos toxicómanos secuestradores se quedaron en
el hall, pobres cabezas de turco, dispuestos a todo por los gramos de heroína y
farlopa que les entregó “por sus servicios” el capitán de la Guardia Civil del pueblo.
Dentro se escuchaba el bullicio, los gritos, casi aullidos de dolor de las
desgraciadas muchachas, mientras las encadenaban en el estudio donde el psicópata
dueño de la finca tenía los trofeos de caza, cuernos de siervos, cabezas de jabalís,
colmillos de elefante de gran tamaño, una bandera de España con el aguilucho, simbología
falangista con sus yugos y flechas, además de todo tipo de diplomas, placas de
reconocimiento de cofradías y organizaciones paramilitares vinculadas al viejo
y al nuevo régimen monárquico.

La comilona sonaba con todo tipo de brindis, un
discurso patriótico del anfitrión, risas, carcajadas y burlas a las chiquillas.
–Son hijas del ferretero Damián, ese rojo de mierda que estuvo preso en el
Penal de Santamaría, -dijo con sorna el miembro de la secta religiosa más
poderosa del mundo- El resto reían, entonaron un intento de “Cara al Sol”, que
se vio interrumpido por los llantos de las niñas. Miguel y Servando desde fuera
escuchaban como se producía la violación múltiple, el olor nauseabundo de los
inciensos que quemaban, una especie de misa negra, satánica, los golpes, el
ruido del descuartizamiento en vida.

Luego el silencio, todos fueron saliendo afuera uno
a uno, se subieron a varios coches oficiales de color negro, hombres con las
caras, agachadas, medio ocultas para que no los reconocieran, dentro solo
quedaron el secretario del obispo, el psiquiatra y propietario, junto a uno de
los jefes de la policía armada, llamaron a los drogadictos, les ordenaron meter
los restos esparcidos por la sala de armas en sacos blancos de plástico. –Cojan
la furgoneta del garaje, llévenlas y entiérrenlas en el vertedero en las afuera
de la ciudad. Servando, conocido como “El canario”, miró asombrado la sangre,
las vísceras en suelo y paredes, mucha ceniza, estrellas de muchas puntas escritas
en el suelo, túnicas negras colgadas en las sillas, varios cuchillos con
empuñadura de crucifijos clavados en los cuerpos de las adolescentes, pequeñas
cruces de Caravaca usadas a modo de pinchos en la frágiles pieles.

Marcharon con las bolsas y un maletín con más de 100
papelas de “caballo”, cinco gramos de cocaína, avanzaron atravesando la ciudad
por el extrarradio, hasta proceder al enterramiento, lo hicieron, rápido comenzaba
a llover fuerte, para luego marcharse al bar de Facundo, asustados, muy
colocados, se echaron varias rayas por el camino en el mismo coche del
hacendado. Se quedaron en la barra, parecía que la droga nos les subía, solo
tenían en su mente los cuerpos de las niñas destrozados.

En los días siguientes salía en todas las
televisiones y periódicos la desaparición de las jóvenes, carteles en cada
esquina, en los comercios, sus padres hablando en programas televisivos de ámbito
nacional, todo tipo de reality shows con el morbo añadido, el sensacionalismo
de una violación cuando encontraron sus cuerpos masacrados, primeras páginas en
todos los rotativos del estado.

A los pocos días el psiquiatra y el Teniente Coronel
tuvieron una reunión en Madrid con el ministro del Interior, todo estaba
controlado, hablaron también del proyecto de introducir droga en los barrios de
Euskadi, Cataluña, Asturias y Canarias, para que esa juventud revolucionaria se
enganchara de una puta vez y dejará de joder, de cómo todo había quedado “atado
y bien atado” tras la muerte del Generalísimo.

Brindaron con cava después de la copiosa comida en
el palacio ministerial, luego se quedaron charlando hasta altas horas de la
madrugada, nada nuevo bajo el sol, en los informativos se hablaba esa misma
noche de la detención y encarcelamiento de uno de los secuestradores, un tal Miguel, del otro
nunca se supo, todavía dicen los medios del régimen español que lo
siguen buscando.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

El criminal fascista de lesa humanidad Francisco Franco en Barcelona
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