27 septiembre 2020

El suicidio de Amparo en Madrid es un nuevo crimen de estado

Solo 900 euros de
deuda en el alquiler de su vivienda separaban a Amparo de una muerte segura, una basura de dinero que el
gobierno del PP del Ayuntamiento de Madrid quería a costa de lo que fuera,
cayera quien cayera, muriera quien muriera.

 
Entonces Ana
Botella tomo la brutal decisión de desahuciar a una nueva familia. La alcaldesa
y esposa del siniestro ex presidente Aznar firmó la orden, por supuesto compinchada
con una judicatura sin sentimientos humanos, fríos como la mierda congelada en
los confines del sufrimiento popular, en los páramos del luto, donde no hay
justicia sino para los millonarios que pagan en sobres sus donaciones a la
mafia.
 
Amparo no tuvo
salida, la orden de desahucio promovida por la patética y cruel alcaldesa “bilingüe”
llegó a sus manos. La inundó la desesperación, el miedo de ver a sus 3 hijas y
sus dos nietos junto a su marido pasando hambre, el terror de verse en la calle
sin nada, sin trabajo, sin comida, sin esperanza.
 
En cambio Botella cenará
está noche junto a sus seres queridos sus platos de lujo, seguirá con esa
sonrisa falsa, tan inhumana como la de su consorte del bigote podrido. Igual
hasta piensa irse de nuevo a un multimillonario spa para olvidar sus
atrocidades y desvergüenzas permanentes, tal como hizo cuando la masacre del
Madrid Arena. Su concepto de la responsabilidad lo tiene en el culo cuando
caga, cuando se ríe junto a sus esbirros de partido de las millones de personas
que pasan hambre en el estado español, de las familias que como la de Amparo
están en manos de delincuentes de guante blanco, de bancos, de ayuntamientos o
de corruptas empresas municipales de vivienda, que son capaces hasta de
conducir a la muerte por suicidio a personas inocentes, que no han hecho daño a
nadie, que son honradas y que han tenido una infinita mala suerte en la vida,
que son víctimas de un gobierno de sátrapas, de buenos amigos del sobre y la
prebenda fácil, que no se arrepienten ni se toman en serio los casi 20
suicidios diarios, la cifras escalofriantes de muertes inducidas por razones
económicas, en cada rincón de un estado español miembro de la mafiosa Unión
Europea.
 
Ahora los voceros
del PP dirán que esta pobre mujer, esta compañera de sufrimientos y batallas
por la dignidad humana estaba “desequilibrada”, que nadie hace eso por 900
euros, que la gente que se suicida están todos/as locos/as, que no son “personas
de bien” como sus votantes, que se mueren de hambre antes de salir a las calles
y criticar las vergonzantes políticas económicas del gobierno del
ultraderechista presidente Rajoy.
 
Eructarán sin parar
frases hechas, aprendidas en sus seminarios de formación en hoteles de cinco
estrellas con juergas patrias, vicios pagos y priva gratis.
 
Debemos actuar de
una vez ya que los estamentos del estado no lo hacen y permiten estas muertes
masivas, convencer a quienes estén tan mal de no acabar con sus vidas, elegir tomar
otro camino hasta el final por el futuro de nuestros/as hijos/as.
 
Será difícil pero
no imposible, porque quien toma esta respetable y honesta decisión normalmente
no da marcha atrás, debemos descubrir entre todos/as la verdadera claridad, el
camino de la lucha, o ellos/as o nosotros/as y antes de regalar nuestras vidas
a esta gentuza que se alegra cada vez que hay un suicidio, tomar otros senderos
procelosos, duros, interminables, pero que serán la única salida digna para que
exista una verdadera democracia participativa y abierta a todos/as.
 
Morir de pie,
alzados y hasta armados/as si fuera necesario, antes que vivir arrodillados/as
para siempre.
 
 
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