6 diciembre 2020

El teleférico de la vergüenza al Roque Nublo, otro negocio para la casta político-empresarial

La misma codicia
desmedida disfrazada de progreso que destruyó gran parte del territorio canario
desde los años 60, el mismo modus operandi siniestro para apropiarse del
patrimonio natural de nuestro pueblo, se materializa ahora de nuevo en el
municipio de Tejeda, en uno de los parajes más hermosos y con mayor riqueza ambiental
y cultural del planeta, donde el Partido Popular con mayoría en el Cabildo de
Gran Canaria y la alcaldesa pepera de este singular paraje, pretenden
recuperar el polémico proyecto de montar un teleférico que suba a miles de turistas
al Roque Nublo, un espacio natural protegido de alto nivel, sometido ahora a
las nefastas sombras del dinero fácil, de los constructores, los amiguismos y
la complacida casta política siempre abierta al negocio sucio, aunque se arrase
por el referente natural y cultural de todo un pueblo.
 
Esa manía perorata repetitiva
y molesta como un guineo iracundo, que solo pretende seguir vendiendo humo entre
la desesperación y la pobreza. El apestoso y mal entendido desarrollismo para
que unos pocos se lucren del destrozo, los de siempre, los amigos del “sobrecogido”
argumento de los puestos de trabajo, de la riqueza en pocos días, de la panacea
económica, de la mentira que generó que la mayor parte de las playas de estas
islas estén destrozadas, contaminadas, repletas de cemento y especulación.
 
El horrendo discurso
de unos vergonzosos próceres del miedo, de las cuentas corrientes repletas, de
los cochazos, chalecitos, secretarias lustrosas y móviles última generación a
costa del erario público. Los generadores del hambre de nuestra gente, de que
Canarias y su pueblo sufran la peor etapa socioeconómica de su historia,
siempre gracias a sus recortes, reformas, pelotazos y un nivel de vida que
avergüenza a la mayoría de las personas honradas.
 
Las políticas del
PP con las construcciones de aeropuertos sin aviones, grandes palacios de la
cultura que ahora se caen a pedazos en Castellón, Valencia y otros puntos de
Españistán. Los miles de millones invertidos en nada para engordar una burbuja inmobiliaria
que ha condenado a gran parte del pueblo español a la miseria, a la dependencia,
a la esclavitud con una banca mentirosa y corrupta, que ha engañado a infinidad
de familias con falsas promesas en forma de hipotecas basura, pestilencia,
saqueos y robos de guante blanco.
 
Ahora de nuevo en
una Canarias con más de un 30% de desempleo, con cientos de miles de familias
bajo el umbral de la pobreza extrema, con uno de cada tres niños/as sufriendo
malnutrición, según datos recientes de UNICEF, el presidente del Cabildo de
Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna, el mismo que tuvo que dimitir del
Parlamento Español hace unos años por un presunto escándalo, se saca de la
manga este nefasto proyecto claramente especulativo, que lo único que pretende
es cargarse una zona emblemática de esta isla, llenarla de turistas, de basura,
de cables que arrasaran por la avifauna, de ruido, de coches, de humo, con la
excusa de un teleférico que acabará desde el primer momento con un paisaje espectacular,
que Miguel de Unamuno definió en pocas palabras como “una tempestad petrificada”.
 
La prioridad de
esta mediocre casta de políticos metidos a poceros no les permite ver más allá
del sol y playa, de la borrachera colectiva de los hooligans, de la discoteca o
el hotel con barra libre, del nauseabundo y machista boddy sushi. No valoran para
nada las posibilidades de un turismo sostenible, ecológico, que fomente el
respeto por la cultura canaria, que dé a conocer a los visitantes una flora
única y endémica, una historia repleta de riqueza que viene de los tiempos de los
antiguos pobladores, de su arqueología, del patrimonio etnográfico, de la
propia idiosincrasia de un pueblo isleño que ha vivido siempre en la
encrucijada tricontinental, hermanado con los pueblos del mundo.
 
Estos importantes valores
no parecen importar a la rapiña que ha destruido esta tierra, que está llevando
a su gente a un holocausto social sin precedentes. Una pandilla de la muerte que
no se corta en promover nuevos planes en la misma línea de la destrucción, de
la depredación sin límites, para conseguir dinero fácil en poco tiempo cueste
lo que cueste, aunque lo que se venda y se destruya sea el Roque Nublo y la
Caldera de Tejeda.
 
Habría que
preguntarse en voz alta y clara ¿Qué empresa estará detrás de este nuevo saqueo?
¿Qué político o políticos se lucrarán y obtendrán buenos beneficios de esta
nueva operación millonaria? ¿Qué vínculos tendrán con el poder los promotores
de esta inversión de futuro para unos pocos?
 
Preguntas que seguramente
se llevará el viento y que los medios desinformativos al servicio del régimen
se encargarán de disfrazar, de ocultar y vender esta verdadera locura como la
solución a todos los problemas de esta tierra, el sursum corda del progreso, al
mejor estilo del otro montaje siciliano, despilfarrador de millones de fondos
públicos que no se saben dónde coño están, ni quien los tiene, del Proyecto
Monumental de la Montaña de Tindaya en Fuerteventura.
 
La baja catadura
moral de la casta política canaria y española hace que surjan este tipo de
propuestas nefastas para el medio natural, destructoras del patrimonio cultural
de nuestro pueblo y del resto de la humanidad, sin molestarse para nada en buscar
otras opciones que estimulen el desarrollo de zonas como Tejeda. Formulas alternativas
al turismo de masas, que verdaderamente conserven y potencien la economía
social, que beneficien al conjunto de la sociedad, a los agricultores, a los
ganaderos, a los artesanos, no a los mismos depredadores de siempre, los que se
lucran de la destrucción de la naturaleza, del desarraigo de nuestra gente,
para seguir pescando en el río revuelto de la desolación y la miseria.
 
 
Al Roque Nublo se llega andando
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