30 septiembre 2020

El viaje de la conciencia

No tenía fuerzas para moverse, su cabeza se pegaba
al suelo y notaba como todo le daba vueltas, tanto tiempo viendo siempre lo
mismo, los toboganes de plástico, el laberinto de heces y pienso, su hija se
acercaba y rozaba la cabeza en su naricita, sentía unas cosquillitas que la
aliviaban, pero notaba que se marchaba, que la vida se le iba, un mareo, unas
ganas de dormir para siempre.

Sintió que soltaba todos los lastres y se abandonaba,
el cuerpo no le respondía, solo esa luz blanca, una sensación de paz, ya no era
lo que los humanos que miraban la jaula de una hámster, aquella endeble
criatura que se fue, sintió una lengua que regocijaba su piel, calorcito
y saliva, notó de repente a otros seres como ella, ahora sus genitales eran
distintos, tenía más hermanos, todos se arremolinaban sin pelos a las tetas de
donde salía la leche caliente, se escuchaban, chillidos, ladridos y ya no le
daba miedo, ahora era uno más, luchaba entre aquel olor desconocido por
sobrevivir, el hambre atávica le daba la pauta para avanzar, un algo, una nueva
existencia con incipientes encías que anunciaban colmillos, otra nueva vida,
más sufrimiento, más dolor, más sombras en la noche de los tiempos, inevitable
sendero de olores, sensaciones, un paso más en la evolución de la conciencia.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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