27 noviembre 2020

En el laberinto sin salida

El despido de Pablo Reyes no fue casualidad, llegó
justo dos días antes del golpe de estado fascista del 36 en los tomateros de
los Betancores en Los Giles, le vino el capataz más conocido como “El Verdugo
de Tenoya” a decirle que se fuera, el torturador famoso por las violaciones a
trabajadoras, acompañado siempre por el voyeur “Cojo Acosta”, que prefería a
los niños o niñas, pero que también le gustaba ver como el falangista abusaba
sexualmente de la chicas más jóvenes que venían a trabajar a la aparcería,
muchachas de apenas 15 años, que no tenían otra salida que dejar los estudios
para mantener a sus familias que pasaban hambre.

El recorrido perverso del verdugo, algunas veces
acompañado por Eufemiano, era diario, miraban “el nuevo material” como decía
entre risas, las chiquillas “que tuvieran más tetas, más culo” y “si eran vírgenes
mejor”, atravesaban los bancales cultivados, aprovechando cualquier momento
para meterse con las muchachas, para presionarlas, amenazarlas de despido en
esa especie de derecho de pernada laboral, económico, que casi nunca conseguían
una relación consentida, pero si las abordaban de madrugada cuando llegaban por
los oscuros senderos al lugar de trabajo, las apartaban de sus compañeras si no
iban solas, se las llevaban a los alpendres y allí las violaban salvajemente,
sin tregua durante horas, eran amigos de las perversiones cuando se sumaba el
sargento de la policía local de San Lorenzo Pernía, las pobres niñas no tenían
salida, no podían denunciarlos, todo era un laberinto sin salida, trabajar,
sufrir abusos, ganar una mierda de jornal para poder mantener a sus humildes
familias.

El pobre Pablo fue detenido la misma noche del sábado
18 de julio, estaba paseando con su novia, Carmen Reyes Florido, por la
carretera general de Tamaraceite, el coche negro paró junto a la casa
consistorial, bajaron tres hombres vestidos de azul, entre ellos el mayordomo
del Conde de La Vega, lo metieron a golpes en el asiento trasero ante la mirada
atemorizada de la chica, se lo llevaron directo a la Sima de Jinámar, fue de
los primeros en ser arrojado al agujero volcánico, allí estaba Eufemiano, el
verdugo, Cazorla, el capitán Soria, Don Juan el cura de Telde con pistola al
cinto de su sotana, el capitán Samsó, el hijo de la marquesa, que ya preparaban
el genocidio, todo listo para llenar la fusnia de gente noble, buena,
luchadora, lo mejor de la tierra canaria, las personitas que defendían los
derechos civiles de las gente más desfavorecida.

Cuando Pablo llegó a la pequeña explanada junto a la
sima vio a varios hombres atados y una mujer con las manos atadas a la espalda,
identificó al médico anarquista, Salvador Guerra, al practicante gallego,
Ernesto Sierra, a su enfermera, Lidia Hernández, que estaba medio desnuda, la habían
violado mientras esperaban el siguiente camión con las personas que pensaban
tirar al abismo. Se escuchaban los cantos de las pardelas, la madrugada olía a
romero, al orégano cultivado en las pequeñas finquitas, el teniente Lázaro dio
la orden de arrojarlos al agujero, uno a uno, la mujer al final, la chica
lloraba, pedía clemencia, que tenía dos niñas, que por favor, que no había
hecho nada, pero Eufemiano reía a carcajadas, le cogía el culo desnudo de su
falda rota, estaba loco por sodomizarla antes de asesinarla, los falangistas,
guardias civiles y militares tomaban ron de caña, fumaban Virginio y parecían
disfrutar con los primeros crímenes, solo habían pasado unas horas de aquel sábado
de 1936, pero ya comenzaban a matar, todo estaba previsto, las listas negras no
engañaban, premeditadamente elaboradas meses antes en iglesias, cuarteles,
bares de oficiales y las siniestras oficinas de la guardia civil, los locales
de Acción Ciudadana, las casas de los terratenientes asando carne de cochino y
tomando vino de El Monte.

Cuando ya todos estaban en el fondo de la Sima se
escuchaban gemidos agonizantes en lo profundo de la oscuridad, los fascistas
celebraron los primeros asesinatos, era el principio de un genocidio, el
domingo 19 de julio amanecía con mucha calima, unos cazadores huroneaban en los
majanos(1) de piedra de la montaña de Telde, los uniformados se fueron hacia sus
vehículos, el jefe de falange del sureste, Arcadio Suárez junto al teniente de
artillería Lucas Pérez, recordaba leyendo en una libreta a quienes irían a buscar
a sus casas con la “Brigada del Amanecer” esa madrugada, todos se fueron a
tomar el despertajo(2) a los bares de Telde, les esperaba una nueva jornada de
asesinatos en pocas horas, el golpe se hacía presente.



Majano: Construcción de carácter agrícola.Tradicionalmente, las piedras que se iban retirando de los campos para facilitar las labores se amontonaban con diversas formas (cuadradas, circulares, cónicas…), predominando la forma circular por ser la más eficiente para el amontonado.
Despertajo: Mezcla de café con algún licor que se toma muy temprano, de madrugada, para espabilarse.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

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