1 octubre 2020

En la antesala del infierno

En el campo de exterminio de “El Lazareto”, en la
Bahía de Gando, Gran Canaria, las enormes ratas de cloaca andaban sobres los
hombres hacinados en las literas de madera, tenían la habilidad de roer las
orejas de los presos republicanos y anarquistas mientras dormían, una especie
de anestesia en su saliva evitaba el dolor, devorando lentamente la carne
fresca de aquellos cuerpos desnutridos y famélicos, solo hueso y piel, desgarrados
por el duro trabajo esclavo, las torturas salvajes de los criminales falangistas
y los “Cabos de vara”, que a todas horas golpeaban, maltrataban, humillaban,
violaban, sacando de madrugada a los que iban a ser desaparecidos por las siniestras
y criminales “Brigadas del amanecer”.

Los metían en los camiones aportados por los
betancores, el conde, la marquesa, los Bonny, Yeoward, Leacock y otros
terratenientes para llevarse a los hombres a los lugares del crimen, simas,
pozos, la Mar Fea, las fosas de Pasito Blanco, Los Giles, Amadores, Guayadeque,
Tecén, Tamadaba, Linagua, Guguy…, mil rincones de la isla repletos de muertos, restos
humanos en putrefacción, cuerpos destrozados por las brutales torturas.

Miles salían hacía ese destino desconocido, los
llantos y despedidas en los sucios barracones cuando se los llevaban, afuera la
fila de vehículos, el olor a combustible, racimos de plátanos, tabaco de
Virginio, la sangre impregnada en las pingas de buey, las varas de acebuche con
trozos de carne humana, utilizadas para descuartizar aquellos cuerpos
destruidos, el ron de caña, las botellas compartidas por los asesinos, las
risas de los terratenientes que presumían de haber violado a las esposas,
madres, hijas y novias de los detenidos, secuestradas en los centros de
detención y violaciones colectivas en las propiedades del corrupto Conde de la
Vega, del teniente Barber, del coronel Bombín, del capitán Soria, de los
caciques británicos, la mafia que integraba la interminable lista, junto a la
Iglesia Católica del robo de niños, de los brutales abusos sexuales contra
mujeres inocentes, estandartes de la lucha por un mundo mejor, ahora
humilladas, vejadas, asesinadas, también desaparecidas.

La vida en el campo de exterminio seguía cada día
como un universo inalterable, el salitre del infinito océano parecía impregnar
la energía del dolor de caricias de mar, algo así como la incineración del
infierno en el brutal abismo de la muerte.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

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