26 septiembre 2020

En la profunda estepa verde

Se topó con el rostro blanco de la lechuza y ambos
se quedaron unos segundos mirando la profundidad de sus ojos rapaces y humanos,
una especie de complicidad salvaje en lo profundo del bosque de Linagua en lo
recóndito de la isla de Gran Canaria.

Eloisa y Mario llevaban dos años escondidos en la
cueva invisible a la derecha del bailadero de las brujas, donde la sombra del
pinar envuelve de rocío y frescor la ensenada, ella solo se llevó una maceta
con un orégano cubano, el viejo molinillo de café de la abuela Marta aunque
allí en medio de la nada no lo podían usar, lo pusieron sobre una piedra
impregnada de musgo verde, una especie de monumento a los días felices cuando
aquella República de sueños parecía que iba a ser la esperanza ante tanto dolor
y sufrimiento.

Solo salían de noche de la cueva cuando los
leñadores y los obreros de la brea se marchaban y el rojo sol se ponía,
aprovechaban para estirar las piernas bajo el manto estrellado, en invierno
bajo la tupida niebla o la lluvia torrencial. Tenían trampas para conejos
ocultas bajo la pinocha y eso les daba para comer carne al menos cada quince
días, siempre con mucho cuidado de que el fuego no se viera desde La Aldea.

Nicasio Vega el pastor de Juncalillo les dejaba
oculto una vez al mes un queso de cabra bajo una piedra gigantesca, allí
llegaban casi a medianoche tras una larga caminata y rebuscaban bajo las hojas
de retama la bolsa de papel, lo sacaban y siempre Eloisa lo olía, su fragancia
la llevaba en un instante a su infancia cuando la abuelita Josefa le cortaba el
pan redondo de leña untado con aceite.

Luego partían de nuevo a su refugio alegres del
nuevo sustento solidario, tomados de la mano subían la montaña del Aserrador,
sus piernas fuertes ya no se resentían con la pronunciada cuesta o el bochorno
que traía la arena del desierto del Sahara.

Sabían que de allí no podrían salir jamás y el aroma
del pinar les envolvía cuando abrazados se evadían en el sueño diurno, como
quien espera la muerte o mezcla sin saber lo real y lo irreal, mientras los
asesinos falangistas recorrían cada rincón de la isla para asesinar y
desaparecer a lo mejor de aquel pueblo destruido.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Lomo del Viso y Macizo de Linagua
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