1 octubre 2020

Gentuza de bien

La sanidad pública
vendida a los amigos y familiares de un gobierno entregado al saqueo, que
destruye con mano de hierro la educación, las ayudas a la dependencia, la
cultura, la investigación científica, los servicios sociales, generando cada
día despidos y privatizaciones masivas en forma de regalos a especuladores, colocando
al estado español a la altura de cualquier país africano donde se muere la
gente por hambre.
 
Dice el títere del
poder financiero más conocido por presidente Rajoy, que la “gente de bien”
apoya sus políticas, que no secundan manifestaciones, que se quedan en casa mientras
desmantelan nuestros derechos históricos, tranquilos en sus sofás viendo el
partido de fútbol o la telebasura cotidiana.
 
Esta gentuza que
despide a millones de trabajadores, precariza el empleo, desahucia y provoca
suicidios de personas desesperadas, no descansará hasta convertirnos en
esclavos a su servicio. Una morralla que tiene enchufada a media familia en
puestos relevantes de la administración pública ganando inmorales pastones, que
no concibe que la clase trabajadora pueda vivir dignamente, con derechos y
servicios públicos gratuitos, que garanticen un mañana esperanzador y en
condiciones para las generaciones futuras.
 
La verdadera gente
de bien vive en los barrios, pueblos y ciudades más humildes, lucha cada día para
llegar a fin de mes, engrosa las cifras vergonzantes del desempleo, sufren
cuando suena el timbre de la puerta por si llega la policía y los agentes
judiciales para expulsarlos de sus casas. No conocen de lujos y corruptelas
políticas y viven al día preocupados porque sus hijos no pasen hambre. La gente
de bien no sabe de pelotazos, de robos del erario público, simplemente resiste
el brutal embate del capitalismo salvaje, esperando que esta putrefacta marea
azul fascista no se los lleve un día por delante.
 
La gentuza de bien
en cambio vive del cuento y se codea con sus corruptas altezas, mamándose todo
lo que huela a dinero, pisoteando los derechos del pueblo trabajador para
seguir haciéndose millonarios a costa de lo que sea, incluso de la indigencia y
la muerte de las personas más desfavorecidas. Son escoria porque solo piensan
en sus intereses personales y en los de su asquerosa casta insaciable. Les jode
mucho que no pensemos como ellos y no les rindamos pleitesía y alabemos sus
robos cotidianos. Les fastidia sobre manera que luchemos por cambiar el estado
de las cosas, que sigamos siendo papel contra tijera y que nuestra lucha sea hasta
la victoria o la muerte.
 
Esta batalla será
larga, sin tregua y la honradez acabará imponiéndose más temprano que tarde a
la delincuencia organizada de guante blanco. La verdadera gente de bien acabará
encarcelando a los ladrones, que serán juzgados por la soberana e implacable
justicia del pueblo.
 
O ellos o nosotros.
 
 
Menos mal que existen los que no tienen nada que perder
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