29 septiembre 2020

Hambre de sueños libertarios

(…) No hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que han de venir. No hay más que un millón de carpinteros que hacen ataúdes sin cruz. No hay más que un gentío de lamentos que se abren las ropas en espera de la bala…

Federico García Lorca – Grito hacia Roma

En Grecia niños y niñas se desmayan en clase por falta de comida, en Canarias y Andalucía docentes amigos me comentaban estos días que en los últimos meses les pagan de sus bolsillos los desayunos a algunos miembros de su alumnado. Retoños de gente empobrecida, que llegan a clase sin comer desde el día anterior. Son datos claros de que el hambre con su rostro siniestro acecha a esta sociedad hasta hace poco de la opulencia desmedida y el despilfarro. Mi padre me hablaba de cuando salían los chiquillos en la posguerra a los campos de Tamaraceite a buscar comida, a conseguir los plátanos que desechaban en las fincas. Las pencas de tunera o los tunos colorados eran un plato exquisito si los mezclaban con el gofio que caía de los camiones de aquel molino del terrateniente. Las sobras de la basura del poderoso alimentaban a familias enteras en aquellos oscuros años de dictadura.

Es muy duro dormirse con el estomago vacío y sobre todo no tener alimentos para tus hijos. Recuerdo aquella madre de Namibia que cada noche les calentaba en su caldero a sus cinco hijitos piedras con agua delante de su humilde choza, simplemente para que se durmieran ilusionados con que esa noche iban a poder cenar caliente. Estos hechos que antes nos parecían perdidos en la historia o que solo pasaban en los hambrientos países africanos, ahora parece que no están tan lejos de nuestra realidad. Mucha gente está sufriendo la miseria del desempleo, de la falta de ayudas sociales y con mucha vergüenza se acercan a la parroquia más cercana buscando esa limosna, ese plato de comida o esa bolsa con alimentos donados por gente solidaria.

Resulta triste que desde los informativos nos hablen de una nueva legislatura, de nuevos recortes, de primas de riesgo prostituidas en manos de unos “mercados”, nombrados siempre de forma ambigua y que parecen marcar el sendero del mundo, la nueva reforma para seguir arrodillando a las personas empobrecidas. Esos mercados no son más que las grandes fortunas, en Canarias los ricachones “teresitos”, “tindayos”, “venegueros”, “granadillos” varios, que especulan hasta la muerte con el territorio para seguir haciéndose más millonarios con dinero corrupto. En el resto del estado otras grandes fortunas muy vinculadas a las dos fuerzas políticas del bipartidismo patrio y que les financian a plazo fijo las elecciones y sus cuentas en paraísos fiscales. Esos personajes marcan las normas de la bolsa, de las hipotecas, de todo lo que concierne a nuestras vidas. No son más que delincuentes de cuello alto que ningún juez se atreve a meter entre rejas, que pululan entre los gobiernos de la España monárquica, la de los consortes corruptos que viven del erario público y donde sus esposas, infantas ellas, sonríen a las cámaras con sombreros ridículos y estrambóticos en cualquier fiestorro con reserva del derecho de admisión, glamour palaciego, políticos lameculos reales, consanguinidad, meninas ancestrales y mucha, mucha sangre azul.

Esta es la absurda realidad que hace que entre otros motivos y robos varios, infinidad de gente esté pasando graves carencias económicas en España, Canarias y en muchos puntos de la Europa de los mercaderes. Que esos niños y niñas de la madre de la democracia allá en Grecia o en estas islitas desafortunadas lleguen a clase sin nada en el estomago, que muchos padres y madres acudan a buscar comida avergonzados por haberlo perdido todo: casa, trabajo y hasta esas humildes semillas de dignidad que hacen que los pueblos se alcen contra la ignominia y el terror impuesto por gobiernos asesinos.

No todo está perdido, nunca lo estará, seamos ventanas y puentes de esperanza. Hilos conductores de solidaridad y lucha por un mundo mejor. Es lo único que nos queda ante los que quieren aniquilar nuestra dignidad, robarnos, quitarnos todo lo conseguido en cientos de años de lucha por nuestros derechos. En ese momento cuando nos alcemos será el tiempo donde brotará esa nueva primavera de igualdad y fraternidad entre los pueblos.

Es momento de despertar de esta pesadilla, de soñar, de volar y rebelar nuestras conciencias.

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