20 septiembre 2020

Huesos y polvo

Las
rayas de coca eran largas en el despacho del concejal de urbanismo
que siempre llamaba a los colegas de otras concejalías para
disfrutar del polvo colombiano, ese día se acercó hasta el alcalde
con el bigote rasurado, casi en broma comentó sobre los huesos que
habían encontrado al remover la tierra de las obras en la cuneta de
la autovía junto a la playa cerca del antiguo istmo:

-Habrá
que volver a enterrarlos y con unos buenos sacos de cal viva- dijo
entre risas tras esnifar el concejal de distrito centro, el que
siempre participaba en las misas en honor a Franco cada 20 de
noviembre en la Ermita de San Telmo.

Los
cuatro enchaquetados dieron cuenta en menos de cinco minutos de un
gramo y medio de droga, llamando a dos de sus secretarias para que
les acercaran los informes sobre el macabro hallazgo.

-Se
trata de restos del franquismo, no son más que rojos hijos de puta
que debemos tapar como hacen todos los constructores de la isla-
comentó el concejal de Vías y Obras.

Los
hombres se sirvieron una ginebra con tónica y llamaron al jefe del
gabinete de prensa, había varios medios interesados en los huesos,
la idea era que se estructurara una estrategia mediática para
dilatar y dar a entender que los restos humanos eran recientes o que
eran de animales, en unas semanas nadie querría saber esta cuestión.

-Mucho
cuidado con que este tema salga a la luz pública- dijo el alcalde
con una especie de tic en la boca por la cantidad de coca esnifada y
el amargor de su boca.

Las
periodistas dos chicas jóvenes de un medio digital y otro escrito,
junto a otro de una emisora de radio escucharon la diatriba del
concejal responsable de dichas obras:

-No
hay nada demostrado sobre que puedan ser restos antiguos del tiempo
de los aborígenes o de la guerra civil, son huesos recientes según
el constructor, posiblemente sean de animales que alguien enterró
junto al parque cercano a los locales municipales-

Las
redactoras tomaban nota, el de la radio grababa con un móvil las
tergiversadas declaraciones del edil, que también era consejero
delegado de una constructora del sur de la isla, muy conocido por sus
pelotazos y afición por aprobar planes parciales y campos de golf en
zonas protegidas:

-En
cualquier obra se encuentran huesos y en un 99% de veces son de
animales ¿Cómo se van a encontrar restos humanos junto a una
comisaría?- dijo entre risas ante los ojos asombrados de las dos
reporteras y el locutor de radio.

El
alcalde volvió a su despacho de la sexta planta acompañado de sus
dos escoltas que lo esperaban en la puerta, el resto de concejales
siguieron tomando gin tonic un buen rato, el director general de
recursos humanos se acercó también a la “reunión-fiesta”:

-Pues
si son del franquismo lo que hay que hacer es desaparecerlos de
nuevo- comentó entre las carcajadas de sus colegas de partido.

El
de urbanismo hizo una llamada al Cabildo para evitar que técnicos
del Servicio de Patrimonio Histórico se acercaran al lugar de los
hechos, había que evitarlo:

-No
queremos arqueólogos revolviendo mierda hay que taparlo todo y que
esos huesos se metan esta noche en un osario del cementerio o que las
excavadoras los destruyan- dijo mientras el resto de cargos públicos
del partido franquista asentían con la cabeza.

La
borrachera comenzaba a hacer sus efectos y decidieron irse a pie a la
casa de putas de lujo de Ciudad Jardín, desde la ventana una de las
secretarias miraba con tristeza al grupo de fascistas, recordaba los
ojos tristes de su abuela Julia, su mirada cuando le hablaba del
asesinato de su padre en el centro de detención y tortura de la
calle Luis
Antúnez junto a la playa de las
Alcaravaneras. 

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Un cráneo, con un tiro en la sien, en una fosa común en la provincia de Burgos. Álvaro Minguito
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