3 diciembre 2020

Jazmines de enero

El
despertador no paraba de sonar en la habitación, los tonos variaban, aumentaba
el sonido pero aquel cuerpo no despertaba, su rostro denotaba una tranquilidad
que solo se observa en quien ya no vuelve jamás a la tierra, por la paredes de
madera entraron varias sombras, un olor a jazmines de enero, el perfume
perecedero de la muerte.

Aquellas energías remotas casi imperceptibles se ubicaron alrededor
de la cama y la televisión encendida, el hombre sintió el sabor de la infancia,
de los años perdidos en el tiempo, cuando andaba por el patio bajo los helechos
perseguido por una perra ratonera blanca y negra que lo lamía como si fuera un
cachorrito. El olvidado cariño de sus abuelos, de sus padres, de toda una
familia que ahora ya casi no existía, todos habían partido, solo quedaba ese
reducto invisible antes de la nada.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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