25 septiembre 2020

La Audiencia Provincial vuelve a fusilar a los cinco de San Lorenzo

Los volvieron a
matar, los fusiles sonaron de nuevo en el vacio brutal de la represión, de la
tortura, del miedo, del olvido, de la memoria. Los mataron de nuevo, los
asesinaron y el pañuelo rojo de la madrasta entristecida volvió a volar en el
viento nocturno de La Isleta.
 
El fusilamiento de
los cinco fusilados de San Lorenzo se volvió a ejecutar y esta vez el pelotón
vino vestido con togas, con leyes infames, oscuras, siniestras, ajenas al dolor
de sus familias, al drama de perder seres queridos en manos de los asesinos
fascistas.
 
Los fusilaron otra
vez a Juan Santana, a Manuel Hernández,  a Antonio Ramírez, a Matías López, a Francisco
González… Los volvieron a ejecutar con un Auto Judicial de la Audiencia Provincial,
donde no se permite a los familiares recuperar sus huesos queridos. Prohíben desde
sus tinieblas de poder y egoísmo, les niegan el pan y la sal a las víctimas de
los asesinos franquistas, impiden que se abra la fosa común del Cementerio de
Las Palmas, consiguen que los más de 60 republicanos asesinados sigan ocultos,
enterrados bajo toneladas de odio y tierra manchada de sangre,
 
¿Dónde queda la
verdad y donde la mentira?
 
¿Por qué en una supuesta democracia del siglo XXI se
sigue ocultando el genocidio?
 
Los volvieron a
matar, el pelotón rugió y esta vez no hizo falta el cura traidor, el confesor
que apadrina el crimen, los militares criminales, los sanguinarios falangistas,
les bastó con un frio documento firmado, con cerrar las puertas a la libertad, a la pureza. Dictaron y callaron
ocultos, temerosos tras las paredes de sus palacios de injusticia. El dolor no
les importa porque se nutren, se alimentan de la tristeza, de la desesperación
de quienes solo pretenden darle una digna sepultura a sus parientes asesinados.
 
La muerte de nuevo
cegó los ojos de la esperanza y parece que no han pasado los años, que seguimos
enterrados en la nebulosa gris de la dictadura, de los abusos de poder, del
maltrato, de la humillación, de la corrupción y el robo.
 
La lucha sigue y lo
que no saben quienes fusilan cada día la libertad y la esperanza, lo que
ignoran los seguidores de la oscuridad, es que la fuerza de las personas que
luchan por amor radica en sus principios nobles, en no tener nada que perder,
en existir para transformar lo injusto hasta la victoria o la muerte.
 
Los volvieron a
matar, a fusilar, a masacrar de nuevo en este marzo de falsa democrática y
mentiras.
 
La lucha sigue y no
cesará hasta poder acariciar, besar y enterrar dignamente los huesos de
nuestros amados muertos.
 
 
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