1 octubre 2020

La «Doctrina Parot», el «todo es ETA» y las víctimas del franquismo

Que sí, que sí, que
hay una conspiración judeo-masónica de proporciones gigantescas contra la España del
torero, el tricornio, la tortura y la asquerosa prensa del corazón, que hasta
el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo está integrado por verdaderos
terroristas, por rojos, por maquis comunistas con rabos y cuernos, que lo único
que buscan es sacar de la cárcel a todo bicho viviente, reírse del régimen
borbónico, de la ministra gürteliana, Ana Mato, del ministro del catecismo
ultra católico, Wert, una horda de marxistas que nos invaden capaces de vacilarse
a la infanta Elena, de ridiculizar al estirado yerno real, un tal Urdangarín, siempre
con las manos manchadas de dinero podrido.
 
El tan cacareado “todo
es ETA” de la ultraderecha que gobierna la España de la pandereta ya es generalizado,
casi nadie escapamos, estamos inscritos en las lista negras de esta gentuza. Nadie
se libra y todo aquel, todo aquella que difiera, que diga libremente su opinión
puede ser amenazado de muerte, vilipendiado por cualquier cachorro fascista del
partido único del régimen en las redes sociales.
 
¡Agüita! ¡Que nadie
se mueva ni diga lo que piensa, que están cagando los próceres! Sus medios de
manipulación y ultra reaccionarios tertulianos recuperan el tiempo perdido,
el de los atentados, la sangre, los terribles momentos de dónde sacaron tanto
rédito político, tantos votos, tan buenos resultados, para acabar llenando sus
bolsillos de miles de millones de euros, condenando a la mayoría del pueblo a
un progresivo genocidio social de consecuencias imprevisibles.
 
Que buenos tiempos
aquellos donde gran parte de la ciudadanía se creía sus mentiras, que demócratas
parecían mientras hablaban tan serios de alimañas, de fascistas, de criminales,
de libertades, de terror, de persecuciones, de guardaespaldas… Todo era
mentira, hasta las escasas verdades estaban disfrazadas de codicia, de desamor
hasta por las propias víctimas, como si de verdad les importaran. Falacias
travestidas de un egoísmo atávico, vergonzoso, con un penetrante y detestable
olor fétido a dinero fácil.
 
Como si la
aplicación de esta particular y cavernaria “doctrina” de represores, que los
presos cumplan 30 o 40 años, interesara a las millones de familias que están
pasando hambre en todo el estado español, las que son desahuciadas de sus
viviendas por la mafia bancaria y condenadas a dormir en las calles, a las
millones de personas desempleadas, a los/as jóvenes que tienen que hacer las
maletas para poder garantizarse un futuro sin hambre, a la gente dependiente
que mueren sin atención médica, mientras Cospedal disfruta la dolce vita
multimillonaria con su marido, más conocido por el “puto amo” de la sanidad
privada y otros “asuntillos”, el mismo que se queda con todo lo privatizable.
Como si tanta basura interesara a las personas migrantes enfermas que sufren el
desamparo, el abandono del estado, sin ser atendidas por una sanidad española
en manos de sátrapas insensibles, cuyo único objetivo es privatizar, regalar todo
lo público a empresas de amigos y familiares vinculados con el siniestro poder.
 
Pero claro se trata
de distraer la atención de los verdaderos problemas de un estado devastado, ser
más patriotas que Mario Conde o que Bárcenas, más listos que Fabra o “El
Bigotes”, seguir pisoteando los derechos de las víctimas del medio millón de
republicanos/as asesinados/as por el franquismo, para seguir financiando a las
asociaciones de las otras víctimas que si son de su agrado. Las del franquismo
son apestados/as, eran rojos/as, por lo que hay que dejarlos enterrados/as en
las fosas comunes y cunetas, no interesa que se sepa la verdad de los crímenes,
del holocausto, por eso ocultan y protegen a los policías torturadores, a los asesinos
reclamados por la justicia internacional y buscados por la INTERPOL.
 
La mierda aflora,
todo apesta y la defensa a ultranza de la caduca “Doctrina Parot”, no es más
que la perfecta excusa para perfumarse de democracia, para disimular el hedor en medio de
un estercolero de banderas y símbolos del terror, el olor a fascismo,
que jamás podrán ocultar, que desaparecerá cuando la historia y los pueblos
alzados les juzguen por criminales de lesa humanidad.
 
 
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