1 octubre 2020

La fosa de las flores

Subieron las dos viejas metralletas en el furgón del
pan de Carlos Santana, “El Canario”. Se trataba de llevarlas a la casa de Julia
López, pasar los controles de la Guardia Civil del régimen en pleno 68, subir
la cuesta infranqueable del cine viejo, donde siempre estaban los somatenes,
aquellos torturadores de hombres y mujeres, violadores consumados de chicas
republicanas o anarquistas, a las que metían ratas en sus vaginas en el centro
de detención del casco viejo.

Juan Carlos Sancho, “El viejo”, el manchego veía
salir en su vigilancia a los militares sudamericanos, eran chilenos,
argentinos, uruguayos, guatemaltecos…, los que venían desde tan lejos a
formarse en Madrid en las refinadas técnicas de tortura que impartía la policía
española. Se fraguaban dictaduras en el continente hermano, España, el franquismo
sabía mucho de maltrato, de cómo generar un dolor indefinible, de cómo sacar
información con una metodología basada en el sufrimiento infinito

La idea del grupo armado era atentar cuando
estuvieran todos dentro en la siniestra formación, el local de la Dirección
General de Seguridad estaba vigilado, pero no era infranqueable, podían acceder
y llevaban meses vigilando las entradas y salidas de los fascistas, el rostro
siempre reconocible de Billy “El Niño”, de Muñecas, de los reconocidos
torturadores del régimen franquista.

Estaba todo preparado, habían robado dos coches en
las afueras de Toledo, cambiado sus placas de matrícula en el taller de Josema,
pero ya era tarde, dormían cuando se escuchó un estruendo en el piso franco de
Ciudad Real, volaron la puerta y entraron los hombres armados hasta los
dientes, disparando a las humildes camas plegables, donde solo dormían Julia y
Carlos, los demás estaban en la casa de Ernesto Palma, los asesinaron en menos
de veinte segundos, los acribillaron a balazos mientras estaban abrazados y
desnudos.

Incautaron las armas, sacaron los cuerpos del hombre
y la mujer, la pareja enamorada y guerrillera, alzados contra la dictadura, sin
imaginar que en el grupo había un traidor, un infiltrado que colaboraba con la
policía, el delator estaba en el furgón donde viajaban los guardias con
tricornio, a la misma hora detuvieron al resto y los llevaron al centro de
detención, justo al lado de donde formaban a los policías del nuevo continente,
ya tenían a quien torturar hasta la muerte, los usaron como cuerpos del delito
durante varias semanas, hasta el día en que sacaron a los cuatro para
enterrarlos en las afueras de Alcalá de Henares, sus cuerpos destrozados, los
dedos astillados, sus cuerpos quemados por la “picana”, las dos mujeres, Luisa
y Ramona, violadas durante noches enteras, desangradas, destruidas en sus
entrañas por las ratas amaestradas para comerse lentamente su aparato reproductor.

Allí en el bosque de abetos, junto al riachuelo del
sol siguen sus cuerpos, la pequeña cascada de la niebla. Nadie se ha preocupado,
ningún gobierno de la “democracia” española se ha preocupado en desclasificar
los documentos de este caso, en la fosa han crecido flores, un espacio de paz
entre el sonido relajante del agua pura.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Maquis antifranquista
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