29 noviembre 2020

La fosa junto al chilaud

La
pareja de turistas belgas observaba con asombro como la excavadora
removía la tierra repleta de restos humanos junto a la playa de
Pasito Blanco en el sur de Gran Canaria. Vieron claramente como
rodaban por la ladera de escombros cinco cráneos con tiros en la
nuca, junto a otros restos óseos de vértebras, fémures, brazos y
manos.

Trataron
de que se paralizara la construcción del campo de golf junto al
chilaud, pero fue imposible, enseguida llegó en un todoterreno un
tipo gordo con casco que se identificó como encargado en un
rudimentario inglés, ordenando al operario que destrozara y
enterrara los huesos.

José
Juan Fajardo Santiago, vecino de San Fernando de Maspalomas, responsable de la obra hizo una llamada a su jefe
López, el móvil sonaba y sonaba y nadie respondía, volvió a
reiniciar la llamada un buen rato, hasta que se escuchó la voz del
conocido empresario:

-¡Qué
coño quieres joder? Te dije que hoy estaba ocupado con mis niñas-
dijo el millonario constructor desde la cama del chalé de
Ayagaures
con dos menores enredadas en las sábanas y la mesa de noche repleta
de rayas de coca.

-Mi amo es que dos giris vieron los jodidos huesos de los muertos del franquismo,
tememos que vayan a la guardia civil y denuncien- dijo desesperado el
sicario responsable del destrozo en aquellos suelos
vírgenes.

-Tu
tranquilo Fajardo cojones, ya sabes que aquí no se mueve nada sin
que pase por nuestro alcalde fiel testaferro y buen empleado del
Conde, no te preocupes, basta como hacemos siempre con escachar y
enterrar cada hueso del puto franquismo que se encuentre- gritó en
el auricular desnudo y borracho en la enorme cama de agua.

Era
habitual la consigna de las constructoras de toda la isla que ante
cualquier resto arqueológico o del franquismo había que destruir y
enterrar, no se podía permitir una paralización de obra que pudiera
perjudicar las inversiones millonarias:

-¿Como
vamos a parar cualquier obra por unos huesos, ya pagamos bastante a
nuestros políticos con maletines y sobres como para perder dinero
identificando a estos rojos que mataron nuestros padres y abuelos-
decía siempre el constructor y buen amigo del sexo con menores de
edad cedidas por centros de acogida del Gobierno de Canarias.

En
aquellos tumultuosos años 90 era habitual encontrar restos de las
cientos de fosas comunes en los terrenos del Conde, de Bonny, de
los Betancores, de todos los que participaron en el genocidio sobre
miles de canarios desde el golpe de estado del sábado 18 de julio
del 36.

Lo
que eran descampados repletos de cardonal-tabaibal y de cultivos de
tomates en los años 30-40 ahora eran una mina de oro para las
masivas construcciones turísticas:

El
constructor dejó un rato a las chiquillas drogadas y las rayas de
coca para hacer una llamada a su contacto del Cabildo:

-No
permitas al Inspector de Patrimonio Histórico ni a la tropa de
arqueólogos perroflautas que se acerquen por nuestro Plan Parcial,
esos huesos ya están enterrados de nuevo y a esos giris ya los hemos
amenazado con una denuncia en el juzgado-

Ya
más tranquilo se entregó a los placeres del sexo con las niñas y
narcóticos, el móvil dejó de sonar, ya todo marchaba, la obra era
imparable, el centro comercial, el muelle deportivo y el césped del
campo de golf ya le olía en sus narices impregnadas de polvo blanco.

La
pareja de turistas belgas, el matrimonio integrado por Emma y Lúcás
Dubois, se conformaron con las explicaciones de aquella mafia
organizada, con la invitación para el año próximo de unas
vacaciones gratis en el nuevo complejo con todo incluido, el nuevo pelotazo que ya se
construía junto al chilaud y los huesos enterrados junto al hoyo 18.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Trabajos de exhumación en una fosa común de la guerra civil, en el municipio
 de Gurb (Osona). – Foto:MARC VILA
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