30 septiembre 2020

La hojarasca de los sueños perdidos

El vuelo
transoceánico sobrevolaba Recife después de atravesar el Atlántico desde Ámsterdam,
la azafata repartía zumo de naranja y Sergio Alcántara lo tomaba a sorbos
lentos, saboreando cada instante de libertad, cada sensación de placeres tan
simples y sencillos, inolvidables después de 25 años de cárcel en varios centros
penitenciarios, desde aquel día aciago en que lo detuvieron los policías
armados en el muelle de Santa Cruz de Tenerife.

Había una
escala en Sao Paulo y el avión comenzaba la maniobra de descenso antes de
partir directo a Buenos Aires donde lo esperaba Marisa Montero, la compañera
que conoció en su periplo como profesor en tierras gallegas.

El aparato
empezó a moverse por las turbulencias y una espesa lluvia evitaba ver el suelo
amado, el sueño de libertad en el exilio tras tantos años de sufrimiento,
tortura, maltrato y muerte.

No dejaba
de pensar en los camaradas muertos, asesinados en tantos parajes de las Islas
Canarias, rincones del martirio, la esperanza derrotada y el triste recuerdo de
las persecuciones en ese laberinto insular sin salida.

En la
nebulosa de recuerdos le vino aquel día en que el Gobernador Civil de la
provincia de Las Palmas les denegó las armas al movimiento obrero “¿Qué hubiera
pasado si hubiéramos estado armados?” “Al menos resistir unos meses“pensaba,
siempre lo pensaba, durante los años de prisión lo pensaba, le venía como un
guineo continuo que lo despertaba cada mañana entre los gritos de los
carceleros en los pasillos del infierno.

La azafata
pasó a su lado y le sonrió, el iba aferrado a un libro de García Marqués, “La
Hojarasca”, la muchacha le dijo:

-Buena
lectura, gran libro, es de mi paisano Gabo- Sergio sonrió, mantuvo silencio,
seguía atenazado por el miedo de que en cualquier momento alguien le pusiera
una mano en el hombro para detenerlo.

La chica lo
miró a los ojos un instante y captó un universo de dolor, el acariciaba las páginas
viejas y manchadas de marrón de la publicación del maestro colombiano:

-Le va a
sorprender el final y la profundidad literaria, ese libro fue rechazado por un crítico argentino cuando nadie conocía a Gabo, recomendándole que se dedicara a otro oficio- le
susurró al oído la chica y le dio pequeño apretón en la muñeca.

Ya en Sao
Paulo en la sala de espera Sergio se quedó sentado un buen rato observando a la
gente, un pueblo distinto al canario, mestizo, gente que sonreía, que hablaba
gesticulando, le recordó a los años antes del golpe fascista en España, cuando
todavía quedaba esperanza, las reuniones sindicales y del partido, la euforia
ante el triunfo del Frente Popular.

El avión
alzó el vuelo entre la lluvia y en su cuello parecía que se alborotaban
mariposas invisibles, su cuerpo se relajó cuando vio la inmensa selva, allí
pensó que habrían otras guerrillas, otros maquis como los de su amado pueblo,
una fragancia a resistencia inundó el paraje más remoto de sus sueños.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Llegada a Veracruz del ‘Sinaia’ tras la Guerra Civil. Reproducida del libro ‘Sinaia’
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