26 septiembre 2020

La justa caricia reparadora

El alcalde ultraderechista del municipio capitalino
se reunió por la vía de urgencia con el gordo y seboso fiel esbirro Director de
Personal, la idea era clara, tratar de amedrentar a quien estaba sacando a la
luz los nombres de los asesinos franquistas, iniciar represalias laborales,
amenazar de despido, perseguir hasta la muerte a quien trataba de reparar, de
hacer justicia, de sacar a la luz los miles de crímenes fascistas, el genocidio
orquestado por sus sanguinarios y psicópatas antecesores. El miembro de la
trama mafiosa conocida como “la Gürtel” se veía desbordado por los
acontecimientos esa mañana, recibía constantes llamadas en su iPhone de
constructores, empresarios, miembros de la corrupta nobleza isleña y otros
donantes de dinero negro, todos con las manos manchadas de sangre por los miles
de asesinatos de lesa humanidad, por el genocidio provocado en la isla redonda
del terrorismo de estado, la tortura y el holocausto.

En unos días vieron que su víctima no se amilanaba,
que seguía escribiendo lo que pensaba, que no paraba de luchar para dignificar
la memoria de sus muertos, el alcalde bramaba histérico con el sudoroso
mayordomo encargado de joderle la vida a los/as miles de empleados/as –Esto hay
pararlo como sea, -le dijo al palanganero tecnócrata- Llevando a cabo premeditadamente en cuatro años
todo tipo de represalias: bajadas de sueldo, traslados forzosos, amenazas de
despido, pero el activista no agachó jamás la cabeza aunque le jodieran la
vida, aunque tuviera que resistir en su familia con una economía de
subsistencia, aunque enfermará, mientras los mafiosos seguían ganando millones,
robando, saqueando, recibiendo dinero en sobres de la mafia.

La madre del compañero sufrió un grave varapalo en
su salud, no pudo aguantar que en la supuesta democracia un alcalde pudiera
actuar de forma tan rastrera, el haber vivido las torturas y asesinatos de sus
familiares le hizo pensar que ahora en estos años podrían hacerle lo mismo a su
hijo.

La casa se convirtió por unos años en un espacio
para el miedo, aunque el hombre no dejó de luchar, siguió y siguió, no se dejó
influenciar por las amenazas.

El siniestro alcalde antiguo miembro de la
organización paramilitar fascista Fuerza Nueva, ahora reciclado a “demócrata de
toda la vida”, como otros neonazis de su partido, vio como perdía las
elecciones, no logró su objetivo, entró a gobernar otra gente con mayores
valores democráticos y solidarios, ahora sigue revolcándose en su odio, en propia
miseria, el gordo y seboso tecnócrata palanganero tuvo que refugiarse como una
rata hambrienta en otro lugar, donde sigue jodiendo la vida de los/as
trabajadores/as.

Ahora todo parece ir mejor, hasta las mañanas son
más luminosas y la fosa común espera ser desflorada por manos nobles, los
huesos de los héroes de la libertad aguardan el instante mágico de la justa caricia
reparadora.



http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Los residuos sanguinarios amigos del señor alcalde
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