30 septiembre 2020

La mirada de Gerda

En los últimos instantes Gerda
Pohorylle pensó en los mejores planos, en la regulación de su objetivo para
obtener la foto final, la que removiera conciencias, la que tal vez contribuyera
a transformar las estructuras más injustas.
En posición fetal en la cama
del hospital como una niña vio como se le venía encima la muerte traicionera,
la caída del coche del estribo del general Walter entre el bombardeo nazi, el
tanque, el inmenso tanque republicano que marcha atrás la atropelló sin querer destruyendo
su frágil cuerpo que no el alma, la bandera de los empobrecidos, el fantasma de
Gerda Taro alzada en la lucha tras la cámara, precisando instantes heroicos de
la lucha antifascista.
Cuando junto a su antiguo
amor André Ernö Friedman inventaron a Robert Capa, un reputado fotógrafo
llegado de los Estados Unidos para trabajar en Europa, todo parecía mágico
entre la frías noches de amor donde rondaba el fascismo inundando el viejo
continente de miedo y terror, jamás imaginaron el triste final en aquellos
campos sembrados por las semillas de los héroes muertos.

En el hospital inglés de El
Goloso de El Escorial cerró los ojos para siempre el 26 de julio de 1937, seis
días antes de cumplir los 27 años, sus nobles huesos reposan entre honores de
heroína republicana en el cementerio de Père-Lachaise en Paris, ahí está su
foto también, tal vez su cámara siga en España, todavía impregnada de la energía
de sus pequeñas manos, el engranaje de sueños, la maquinaria universal para la
construcción de un mundo mejor.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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