29 septiembre 2020

La profundidad del sueño

En
la cueva del barranco de Tamaraceite era difícil aguantar el hambre,
Octavio Travieso se debatía en si acercarse al antiguo ayuntamiento
tomado por los falangistas para entregarse, o seguir resistiendo las
condiciones infrahumanas de la evasión.

Por
Juan Cabrera el pastor de cabras supo que el alcalde Juan Santana
estaba condenado a muerte tras consejo de guerra sumarísimo, que
habían desaparecido a unos quince hombres del municipio, que hasta
el secretario municipal Antonio Ramírez y el jefe de la policía
local Manuel Hernández iban a ser fusilados, junto a los
sindicalistas Matías López y Francisco González el próximo 29 de
marzo del 37.

Tantos
camaradas ahora muertos o a punto de ser acribillados a balazos que
el pobre muchacho se estremecía en el fondo de la cueva, en medio
del barranco de Los Dragos, donde siempre sale el chorrito de agua
fresca de su manantial eterno, un agua cristalina, siempre fría
hasta los meses más duros de calor, un agua que le aliviaba el
hambre, las heridas de su cuerpo desnutrido, al borde del colapso por
la falta de alimentos, por las condiciones extremas de vida en la
profunda caverna que casi nadie conocía.

Por
el fondo del barranco Octavio escuchaba el estruendo de la botas de
los falangistas y guardias civiles rastreando a sus presas, sabía
que donde estaba era imposible que llegaran, la cueva era
prácticamente ilocalizable, se confundía con el paisaje, además
estaba en lo más profundo del espeso bosque de tarajales, tiles,
palmeras, orovales, acebuches, cardones, tabaibas gigantes y
eualiptos muy antiguos, plantados en los primeros años posteriores a
la conquista de Gran Canaria.

Se
entretenía al caer el sol viendo a los conejos que salían al claro
del bosque a juguetear, daban saltitos con las orejas tiesas, los
ojos brillantes de felicidad al margen de todo aquel drama que vivía
el pueblo canario en aquellos años, los conejos desconocían que ya
habían desaparecido a miles de mujeres y hombres, que un golpe de
estado había acabado con las esperanzas de libertad, prosperidad y
progreso de todo un pueblo, que ahora los cazados no eran ellos sino
los isleños que pensaban diferente a los fascistas, que las brutales
cacerías ya no eran con los podencos y los hurones, que ahora se
organizaban batidas de cientos de hombres armados para capturar uno
por uno a cada comunista, a cada socialista, a cada anarquista, a
cada maestro, a cada abogado, a cada jornalero, a cada pensamiento
libertario que pudiera suponer una amenazas para el nuevo régimen
fascista.

Acurrucado
en el interior se comía los tunos rojos, higos chumbos como decía
su amigo Pablo Damián el gallego, salía de noche a recolectar el
poco alimento que había en la zona, había aprendido a caminar en la
oscuridad, parecía intuir los obstáculos, los precipicios, los
agujeros profundos como el dolor de su corazón, incluso un día
estuvo casi dos horas observando a varios falanges hablando junto a
una hoguera en la finca de Los Molina, se sentía invisible, los
miraba, escuchaba su verborrea repleta de odio, hablaban de los
crímenes masivos, de las desapariciones de cientos, de miles de
republicanos en cada agujero del terror, en los pozos, las simas, las
profundidades marinas.

Conocía
a varios de los falanges, pobres hombres que apenas aportaban en la
sociedad, varios con antecedentes policiales por peleas y abusos
sexuales a mujeres, incluso a menores. Tipos con fama de borrachos,
de antisociales, de insolidarios, que ahora ocupaban un alto rango en
el llamado “glorioso movimiento nacional”.

La
noche del 27 de febrero de 1937 Octavio se adentró triste en la
gruta, atravesó una grieta tan estrecha que había que pasar
arrastrándose y tragando tierra, siguió andando hacia las
profundidades, no paró hasta llegar a un lugar donde el agua brotaba
del suelo, un gran lago de agua salobre, una cúpula de piedra tan
alta como la montaña de San Gregorio, decidió tumbarse en posición
fetal, ya no hacía frío, hasta dormirse profundamente y comenzar a
soñar con mariposas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Gruta templo aborigen de Risco Caído (Artenara, Gran Canaria)
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