1 octubre 2020

La romería de los tiranos en la fiesta del Pino

A un banquete se sientan los tiranos, pero cuando la mano
ensangrentada hunden en el manjar, del mártir muerto surge una luz que les
aterra, flores grandes como una cruz súbito surgen y huyen, rojo el hocico y
pavoridos a sus negras entrañas los tiranos.
 
José Martí – Banquete de tiranos
 
Los que llaman “modelo
económico para Canarias” a la miseria de nuestro pueblo lo tienen claro. No aprenden porque no quieren,
prefieren vivir en la mierda, entre basura, siempre y cuando haya dinero, solo piensan en seguir chupando del
bote, en seguir destruyendo nuestra tierra para llenar sus repletas cuentas
corrientes.
 
Se vanaglorian en
estos tiempos de bonanza exclusiva para bolsillos tramposos, pescando de altura
en el río revuelto de la miseria y el hambre, humillando, explotando,
masacrando a una clase trabajadora cada día con menos respuesta y capacidad de
resistencia ante esta caterva, una calaña siniestra que inunda nuestras vidas
de desesperación, terror e inmundicias.
 
Ahora se juntan
todos/as para su particular y esperpéntico espectáculo en la Romería del Pino, cada 7 de septiembre convierten este bello pueblo en su pocilga de lucimiento personal, junto a policías, militares y tricornios, la flor y nata de la ralea
oligárquica del pegajoso turrón fiestero. Empaquetados, vestidos de criollos del gofio caducado,
luciendo ellos sus trajes caros, sus perfumes nauseabundos y ellas sus astronómicos modelitos
sobrecogidos a lo Cospedal, horteras como nadie, a la última, tan demócratas, tan caducos como sus padrinos del yugo y las flechas.
 
Curas, obispos,
falangistas, jueces, generales, señorones, señoronas con las billeteras repletas, se dan cita cada año en
Teror, la fiesta del Pino, la patrona impuesta al pueblo guanche masacrado y
esclavizado. Fiel superstición de una iglesia manchada de sangre indígena en
Canarias y América, de sangre republicana, de patriotas canarios que dieron su
vida defendiendo la democracia y la libertad, acabando asesinados por la mafia
franquista, arrojados a simas, pozos, cunetas y fosas comunes, mientras la curia callaba, las
sotanas celebraban, almorzaban y tomaban ron añejo con facciosos y milicos.
 
Acogidos, aferrados,
con los culos apretados para no cagarse cuando comulgan sus mentiras y atávicos abusos, agarrados como sanguijuelas a unas creencias que si fueran reales ya
los hubieran condenado al fuego eterno. Se persignan con las manos sucias de
expoliar, de condenar al hambre a uno de cada tres niños/as de las islas, de
generar con su políticas inhumanas y al servicio del poder financiero, decenas de suicidios cada mes por razones económicas, de privatizar los
servicios públicos, de destruir nuestra tierra, el patrimonio mágico de
nuestros ancestros.
 
Se pasean chulescos
con sus bastones de mando entre lo que ellos llaman «populacho», el que sufre sus
saqueos diarios: extracción de petróleo en mares vírgenes repletos de
biodiversidad, sus faraónicos proyectos turísticos, acuarios para explotar
animales, teleféricos para destruir la tempestad petrificada del Roque Nublo,
nuevos casinos y hasta la mafiosa Eurovegas entra en sus asquerosos parámetros para seguir
forrándose.
 
Todo da igual, no
importa nada, vale quien sirve, que sirva por supuesto para aumentar
vergonzosamente sus fortunas, para el beneficio exclusivo de su casta, de su
prole, de los millonarios colegios privados donde va su descendencia, de sus
comilonas con dinero público, de sus prebendas permanentes, del “como va lo mío”,
de la mamanza sin límites, mientras pisotean los derechos humanos y civiles de
todo un pueblo.
 
Señores y señoras,
comienza el espectáculo, no se lo pierdan, estarán todos/as, hasta el ministro
petrolero. La virgen los espera con los brazos abiertos, no faltara ninguno/a
¡Viva la fiesta! ¡Viva el dinero fácil! Llega la casta, llegan los culpables de
nuestra miseria.
 
Qué pena que esto
no explote en pleno septiembre, que el esperado estallido social no los coja
repollinados en sus sillones de la elite, mirando las ofrendas con el iPad de
los favores pegado a sus orejas.
 
Los huevos podridos
se quedarían cortos entre los insultos de la multitud indignada.
 
Lloverían piedras y
lebrillos.
 
 
Genocidio canario-americano en los tiempos de la «misteriosa» aparición de las vírgenes
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