24 septiembre 2020

La turba y la unción

Don Juan,
el cura de Guanarteme, llegó al campo de tiro de La Isleta a las tres de la
tarde, allí lo esperaba una comitiva de falangistas con sus familias, unas ciento
cincuenta personas, entre ellas un grupo numeroso de niños vestidos de azul,
familias que venían para asistir a los fusilamientos que se realizaban en el
cuartel de artillería desde agosto de 1936.
El
sacerdote traía un maletín negro con todos los objetos religiosos relacionados
con la extremaunción, además de una cajita de madera con hostias bendecidas.
Se unió a los
falanges mientras esperaban que llegaran las cuatro de la tarde, hora prevista
de las primera ejecuciones, que ese día comenzarían con cinco hombres
procedentes de Telde, entre ellos un dirigente comunista llamado Juan del Peso,
junto a varios jornaleros vinculados al Partido Comunista y a la Federación
Obrera.
La turba se instaló en una ladera junto al paredón y comenzaron a cortar queso duro, jamón
ibérico y chorizo, acompañado de pan bizcochado y varias botellas de ron del
charco, invitando al cura, que participó activamente en la juerga colectiva que
esperaba el comienzo del “espectáculo” entre cánticos patrióticos como el “Cara
al sol”, el “Novio de la muerte” y “Una mañana de mayo”, que era casi un himno
en los fusilamientos y estaba asociado a las penas de muerte:
-Yo te
daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que yo solo sé café-
cantaban todos a coro, lo que llamaba la atención de algunos soldados del pelotón,
que no entendían aquella fiesta en un lugar tan lúgubre y asociado al crimen.
Como era habitual la asistencia de público a las ejecuciones, Don Juan siempre salía
medio borracho, se tomaba algunos vasitos de Anís del Mono y algún pizco de
ron, aderezado con el picoteo variado que llevaban las familias de los
fascistas, luego bajaba tambaleándose por la calle Faro detrás del “Camión de
la carne”, que era el transporte que usaban para llevar los cuerpos de los
fusilados hasta el cementerio de Vegueta, el siniestro vehículo que atemorizaba a toda la vecindad del municipio de Las Palmas, al dejar un reguero de sangre desde
La Isleta al barrio colonial, lugar donde estaban las fosas comunes dentro del camposanto.
Los reos
aguardaban en pequeños habitáculos el momento del fusilamiento, escuchaban el
bullicio afuera, era el momento en que entraba Don Juan con la sotana, un
Cristo grande y oscuro en la mano derecha, un gorro negro de varias puntas y otros
elementos de su vestimenta asociados a la muerte, para pedirles el
arrepentimiento eterno en forma de confesión y comunión.
Allí se
encontraba con aquellos hombres destrozados a punto de ser asesinados, también
algunos que no aceptaban sus bendiciones, que se le enfrentaban y le decían que
se fuera, que había venido a bendecir el crimen.
El
sacerdote levantaba las manos hacia el techo de los barracones entonando canciones sacras, rezando padrenuestros o avemarías,
medio entonado ya por los efectos del alcohol que había tomado mientras
esperaba el instante de cada ejecución:
-Hijos míos
ha llegado el momento del arrepentimiento para alcanzar la vida eterna,
Dios te la da, dios te la quita- decía ante la mirada atónita de los condenados
a muerte en consejos de guerra sumarísimos.
Cuando los
sacaban atados hacia el paredón la multitud gritaba, el cura encabezaba la
surrealista comitiva, hasta los niños exaltados proferían todo tipo de
insultos:
-Hijos de
puta, rojos de mierda, cabrones, asesinos, ateos, masones, marxistas- jaleaba
la particular peña de la sangre, solo se hacía el silencio cuando el oficial
daba las órdenes, del ¡Carguen armas, apunten, fuego!



Luego volvía
la algarabía y las canciones, cuando veían caer fulminados a los hombres, en
ese instante Don Juan procedía con gesto serio a realizarles la extremaunción,
usando toda la parafernalia habitual en estos rituales católicos, después del
tiro de gracia en la nuca o en la sien, finalizando el capellán el macabro ritual,
usando la aceite oscura para hacer la señal de la cruz en la frente de
los asesinados.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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