29 septiembre 2020

Laura Puga en su laberinto de memoria y justicia

Laura
Puga, era una niña rubia que desde muy chiquita escuchaba a su abuela los
relatos sobre lo sucedido a su familia en las Islas Canarias, de aquellos
tiempos del franquismo cuando fusilaron injustamente a su tío-abuelo el Gobernador
Civil de Tenerife, Manuel Vázquez Moro.

Desde
temprana edad percibió que su familia era diferente, que tuvieron que partir desde
el archipiélago africano al exilio del hermoso país sudamericano huyendo del
terror, de la miseria, de las represalias de una jauría represora con ansias de
sangre, dispuestas a todo por mantener una dictadura que se llevó por delante
las vidas de más de 150.000 personas inocentes.

Luego
su adorado padre nacido en Las Palmas se encargó del resto, juntos recorrían
los parajes de la mágica ciudad de Buenos Aires compartiendo charlas y momentos
inolvidables, estuvieron en Plaza de Mayo resistiendo aquella histórica Semana
Santa de otro intento de golpe de estado, Laura solo tenía 18 años y observó
claramente el rostro del salvajismo de un ejército traidor como el de España,
el mismo olor a sangre, a odio, a violencia ilimitada, a torturas
indescifrables por su dureza y sadismo.

Tantos
años después Laura es profesora de antropología en la Universidad de Buenos
Aires (UBA), licenciada en Geografía Historia, compagina su docencia
universitaria con clases de secundaria en un humilde barrio, donde cuenta con
orgullo que desarrolla un estudio antropológico con niños camboyanos víctimas
del horror y los crímenes de los Jemeres Rojos de Pol Pot.

Para
orgullo de su padre allá donde esté, de toda su familia a un lado y a otro del
Océano Atlántico, existe la posibilidad de que la cátedra de antropología de su
universidad lleve su apellido Puga, ante esta situación si le preguntas solo
sonríe con cierto rubor, con una humildad que solo puede venir de alguien que
sabe lo que es el dolor de una familia exiliada, que ha tenido que luchar y
esforzarse como mujer comprometida y revolucionaria para llegar donde ha
llegado.


Laura
está por Canarias acompañada de su hijo Lautaro, para desgracia de un estado español que sigue encubriendo el
terrorismo de estado ha venido a reclamar la memoria de su tío-abuelo, ya no lo
esperaban porque Manuel Vázquez Moro no tenía hijos y pensaban que nadie vendría
a exigir justicia tras su fusilamiento, pero aquí esta una mujer que lucha
hasta la victoria, aquí ha venido a pedir verdad y reparación aunque el heroico
Gobernador Civil repose en una fosa común del cementerio de Santa Cruz de
Tenerife donde han construido encima todo un entramado de nichos, posiblemente
para ocultar dichos crímenes de lesa humanidad, obstaculizando que estos
hombres de bien puedan ser exhumados algún día, para que los apellidos de los
asesinos vinculados a los partidos más corruptos del actual régimen español no
salgan nunca a la luz.

Esto
no acobarda a Laura, ella sigue sonriendo, enarbolando la bandera de la República
con el anagrama de la Agrupación Federico García Lorca, la ejemplar organización
donde milita junto a otros familiares de exiliados españoles en la Argentina,
no pierde la esperanza es inagotable, se va a en breve para Buenos Aires con
ansias de de volver y seguir recuperando esa memoria pisoteada, la dignidad de
su tío abuelo, la de su familia, la de las miles de víctimas del franquismo en
Canarias y todo el estado español.

Quienes
hemos sufrido en nuestras familias el genocidio fascista sabemos bien lo que
ronda por la cabeza de Laura, esa sensibilidad que brota ante cualquier fosa
exhumada, las lagrimas de emoción ante cada avance en la recuperación de la
memoria democrática en un país llamado España donde su régimen de borbones y gürteles
sigue tapando vergonzosamente el terrorismo de estado, los cientos de miles de asesinatos
fascistas, el rostro de los sanguinarios torturadores, los nombres de quienes
sembraron de sangre y muerte cada rincón, cada pago, cada pueblo, cada ciudad,
cada cuneta, cada fosa, cada pozo, cada sima, cada agujero volcánico.

Con
Laura no nos sentimos tan solos, compartimos la misma lucha, el mismo fragor
libertario y democrático, como ella miles de personas en Canarias, España,
Argentina seguimos apostando por cerrar heridas haciendo justicia, exhumando
fosas, juzgando a los criminales fascistas estén vivos o muertos, reparando el
dolor de nuestras familias, construyendo un futuro donde cada espacio del
terror sea abierto, cada lugar de tortura y exterminio tenga su homenaje y
reconocimiento, cada hueso sea recuperado con el honor que merecen como héroes
de la libertad.

¡Gracias
inmensas Laura de corazón, nos seguiremos viendo en la lucha en las calles y alamedas de las dignidad!

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Laura Puga en Las Palmas de Gran Canaria (Foto ALEJANDRO RAMOS)

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