29 septiembre 2020

Ley de Seguridad Ciudadana: El fascismo ha llegado, hay que tapar la mierda

“(…) Cuando
la burguesía ve que el poder se le escapa de sus manos, alzan el fascismo para
mantener sus privilegios”.
 
Buenaventura
Durruti
 
Llama la atención que en los tiempos de mayor
corrupción política de la historia del estado español, el gobierno del PP
apruebe una ley para reprimir a la sociedad civil organizada, a toda
organización o persona que se movilice contra la mafia. La seguridad ciudadana
es una preocupación cuando el desprestigio político llega a las más altas
esferas de un país devastado, saqueado, pisoteado por la delincuencia de guante
blanco.
 
Ahora movilizarse, manifestarse, ponerse una
capucha, una careta de Anonymous, convocar en las redes sociales una
movilización puede costar muy caro, rodear la cueva de Alí Babá o Congreso, poner
a caldo a los Borbones, sacarle una foto o grabar un vídeo de las agresiones
policiales, todo lo que no sea políticamente correcto generará multas
millonarias, que casi nadie podrá pagar. Miles de euros para financiar con
nuestro escaso dinero vicios de estado a costa de un pueblo desesperado.
 
Normas que ni los sindicatos policiales comparten,
pero que asumirán sumisamente, la leña es la leña y da igual quien la ordene,
aunque los que firmen los decretos y den las órdenes tengan las manos manchadas
y apesten a blanqueo y evasión de capitales, a robos impunes, a sobres repletos
de billetes de 500 en negro, a prebendas y abusos de poder contra un pueblo que
ya no aguanta más.
 
En este patético marco, en una realidad de represión
y tristeza, de familias destrozadas, de millones de niños/as pasando hambre, de
suicidios masivos por razones económicas, aprueban esta nueva ley, que no es
sino la excusa perfecta para tapar la putrefacción, el modus operandi pandillero,
altamente delictivo, perfecto para paralizar cualquier respuesta social, cualquier
movilización o movimiento popular que se oponga al robo de nuestros derechos, al
saqueo del patrimonio público, a la destrucción de un estado del bienestar, de
un supuesto sistema democrático, de una Constitución, de una normas de convivencia que se pasan por los huevos, que pisotean
los rectores de este conspicuo montaje para llenar bolsillos al que llaman orgullosamente
“España”.
 
El miedo a un inevitable, más temprano que tarde,
estallido social los lleva a costa de lo que sea, como bien dijo Durruti, al
fascismo, a criminalizarnos, a pisotear derechos humanos universales, a ser
capaces de todo para mantener el vergonzoso estatus, la miseria humana de los
poderosos, que se enriquecen mientras asesinan de hambre, tristeza, desazón,
miedo y suplicio a la clase trabajadora.
 
Todo vale y ya está en marcha la nueva dictadura del
patético y ridículo fuhrer Rajoy y su mariachis más decadentes, el Cuarto Reich
de la prensa rosa, el régimen más futbolero y hortera, analfabeto funcional,
palanganero de la banca, de la mafiosa troika, de una casta empresarial donante
de sobres, que apesta a mierda, que avergüenza a las personas de buena voluntad,
que se preocupan en pagar religiosamente sus impuestos, en ser honradas, en no
cometer irregularidades, mientras los que gobiernan se revuelcan en la pocilga
de la corrupción.
 
El fascismo ha llegado, viene en coche oficial,
apestando a vomitivos alientos que huelen a Chivas Regal Reserva, a pelotazos millonarios, a putas caras y vicios
innombrables. No queda otra que vulnerar sus leyes, resistir, acabar en sus
putrefactas comisarías y cárceles, porque si transigimos y pasamos por el aro
de sus normas, seremos cómplices de la mayor estafa de la historia de un estado
en manos de sinvergüenzas.
 
 
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