25 octubre 2020

Los ahogados de La Laja

Los encontramos por casualidad, desconocíamos que
existieran, buscando en los amarillentos papeles de los archivos del cementerio
vimos el dato, el lenguaje del horrendo crimen oculto en la burocracia de lo
que llaman “democracia española”, enseguida supimos que todo era mentira, que
eran más compatriotas asesinados, luchadores por la democracia y la libertad
masacrados a partir del golpe de estado fascista de 1936.

“Los ahogados de La Laja”, son tan solo una cifra más
en el archivo de inhumaciones del cementerio de Las Palmas, unos números y
letras que son parte de la ocultación premeditada de los republicanos y anarquistas
que yacen en la fosa común del campo santo, hombres y mujeres atados de pies y
manos, arrojados desde los riscos de la Mar Fea al encrespado océano, a las
corrientes inmensas, metidos en los sacos donados por los terratenientes agrícolas,
los cómplices del genocidio fascista en Canarias, que contribuyeron a que más
de 5.000 personas fueran asesinadas por defender la legalidad constitucional.

Los tiraban de madrugada, venían los camiones de las
“Brigadas del amanecer” cargados de cada pueblo de la isla, de norte a sur, de
este a oeste, para desaparecerlos en pozos, simas, chimeneas, agujeros
volcánicos, fosas comunes en fincas privadas de una oligarquía criminal,
muertos y muertas, republicanos, anarquistas, comunistas enterrados al lado del
campo de golf, de la piscina, del chalé de lujo del spa, de haciendas cuyos
propietarios de apellidos vinculados al genocidio fascista isleño actualmente
son constructores, diputados, concejales, alcaldes, jueces, “gentes de bien”,
como dicen en el corrupto partido de la Gürtel.

Una de estas fosas está en una finca privada del
sureste de la isla que se alquila para la celebración de bodas y fiestas, a
pocos metros del banquete, del cotillón, de las borracheras colectivas, están
enterrados en dos pozos más de cincuenta demócratas asesinados sin que ninguna
institución pública haga nada. Todo tapado y bien tapado, una flagrante complicidad
con el holocausto franquista en Canarias, lo mismo que con los ahogados, las vergüenzas
de un estado miembro de la Unión Europea, el que presume de país moderno, que
se permite desde su gobierno el lujo, la exigencia del cumplimiento de los
derechos humanos en otros países, por supuesto siempre a miles de kilómetros
del escenario de sus corruptelas y vergonzosos abusos de poder.

No es casualidad que España sea el segundo país del
mundo con mayor número de fosas comunes de personas asesinadas por el estado
después de Camboya, por eso “los ahogados de La Laja” son un símbolo más, cientos
de motivos para seguir luchando hasta el final, desenmascarar a quienes pretenden
evitar que esta fosa común del cementerio de Las Palmas pueda ser exhumada, que
siguiendo órdenes de los herederos de los criminales traten por todos los
medios de colocar un monolito, un monumento a la vergüenza sobre los cientos de
restos, para que jamás se conozca lo que realmente sucedió. No lo vamos a
permitir.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Escultura submarina de Jason de Caires Taylor
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